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Seguimos Perdiendo Sigue Incendiando El Corazón Punk

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La Ciudad de México amaneció con lágrimas en el cielo. La lluvia, tímida al principio, fue convirtiendo las calles en espejos opacos que reflejaban una ciudad conmovida por la nostalgia.

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Pero ni el frío ni el granizo detuvieron lo inevitable: una celebración de tres décadas de ruido, cicatrices y hermandad punk. En el Foro Indie Rocks, el reloj marcaba el comienzo de una noche que quedaría tatuada en la memoria colectiva de quienes alguna vez gritaron al borde del abismo con Seguimos Perdiendo.

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Los Primeros Disparos

Con las luces apenas encendidas y el aliento aún visible en el aire, Juanones abrió la ceremonia con guitarras crudas y un ritmo salpicado de surf. Inesperadamente, el eco de la intro de ‘Batman’ flotó en el recinto, como un guiño entre generaciones. Luego, los acordes bajaron la guardia para dejar salir confesiones en forma de canciones como ‘Mis Sentimientos’ y ‘Cuando Vuelvas’, esa especie de carta íntima disfrazada de balada punk.

Bastaron unos cuantos acordes de ‘El Perímetro’ para que el cuerpo dejara de resistirse. Hubo bailes torpes, abrazos entre desconocidos y un cierre romántico con dedicatoria incluida. La noche recién comenzaba a tomar forma.

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Tabacos: Dinamita Entre Broma & Broma

Le siguió ‘Tabacos’, cargando con la responsabilidad de encender la mecha. Y vaya que lo hicieron. La banda no dio tregua: riffs veloces, letras directas como cachetadas y una vibra tan desinhibida que convertía cada canción en una excusa para romper el silencio con carcajadas o gritos.

‘Nunca’, ‘Después De Todo’ y ‘La Shisha’ fueron algunos de los proyectiles que lanzaron sin misericordia. Entre bromas, brindis y felicitaciones al acto principal, cumplieron el papel de cómplices perfectos para el desmadre que vendría después.

Cuando El punk Se Convierte En Ritual

Entonces, las luces se atenuaron y el zumbido del público se transformó en clamor. Con un ‘¡Oi Oi Oi!’ retumbando en las paredes, Seguimos Perdiendo subió al escenario. No hubo presentaciones largas ni discursos pomposos: el caos tomó el control en cuanto sonaron los primeros acordes de ‘No Sé A Dónde Voy a Parar’ y ‘Tu Desprecio’.

La gente se lanzó al slam como si fuera la primera vez. La cerveza volaba, los empujones eran abrazos disfrazados, y los coros eran más bien rugidos compartidos por una tribu de sobrevivientes. Entre canción y canción, Eme lanzó una verdad disfrazada de chiste: ‘¿Qué sería de una fiesta de 30 años sin problemas?’ Y sí, nada más punk que celebrar con un poco de caos controlado.

Un Acordeón Entre Guitarras Distorsionadas

La noche también tuvo espacio para la sorpresa. Jarquin, invitada especial, se sumó al escenario con su acordeón para reinventar clásicos como ‘No Te Vayas Plox’ y ‘Maldito Licor’. Fue un momento mágico: el contraste entre la melodía tradicional y la energía cruda del punk generó un cruce de caminos donde todos los caminos eran válidos. Una prueba viviente de que la rebeldía también puede tener matices.

Mientras las canciones seguían cayendo como ráfagas (‘Corazón De Mierda’, ‘La Güera’, ‘Recuerdas’), el público no soltaba. Era evidente que muchos de los ahí presentes llevaban años caminando junto a la banda. Algunos en el moshpit, otros con lágrimas contenidas y celulares al cielo, todos formaban parte de una comunión sin palabras. Una conexión que no necesita explicación cuando se ha vivido el punk desde la entraña.

Una despedida con el alma en la voz

Ya con los cuerpos exhaustos, Mau se quedó solo para interpretar ‘El Alcohol Es Más Fuerte’. La voz tembló, no por inseguridad, sino por la carga emocional del momento. Pepe hizo lo propio con La Partida, y juntos regalaron un cierre íntimo antes de encender el último estallido con ‘Una y Otra Vez’ y ‘Puta Vida’, canciones que resumen tres décadas de resistencia, amor rabioso y lealtad sin aditivos.

¿El final? Solo El Siguiente Comienzo

Treinta años no se dicen fácil, y mucho menos se cantan así. Entre cerveza en el aire, cuerpos chocando con alegría, acordes que todavía zumbaban en los oídos y corazones agitados, la noche terminó dejando claro que Seguimos Perdiendo es mucho más que una banda: es un refugio, una bandera, un grito compartido que no se apaga.

Y aunque el cielo lloraba al inicio, al final todos salimos sonriendo. Porque en esta historia de perder, nos hemos ganado a nosotros mismos.

Ph Edgar Olivera Fotografía

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Raul Soriano
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