
El Auditorio Telmex de Guadalajara se convirtió en un campo de batalla con motivo de la visita del cantante Carlos Rivera, quien entregó un enérgico espectáculo donde deslumbró, sobre todo a las tapatías, con su voz, simpatía y sensualidad.
Más de 8 mil personas llegaron poco a poco al recinto que a las 21:00 hrs logró abarrotarse. Fue en ese momento cuando una voz anunció la tercera llamada y para sorpresa o desilusión de algunos, salió Nacho Pérez al escenario quien fuera participante de «La Voz… México». El encargado de abrir el Guerra Tour ofreció un breve set encabezado por Coleccionando corazones.
Dieron las 21:30 hrs cuando el inmueble se apagó para declararle la guerra musical al público en la batalla “canción vs. aplauso”. Todos en posición y con las emociones a flor de piel fue como el espectáculo dio inicio con los tambores retumbantes,
La banda en vivo desfiló por toda la tarima tocando las trompetas y ocho bailarines marcharon para unirse en filas y recibir a Carlos Rivera, quien emergió desde su fortaleza para confesar que “Ama su locura”. En medio de seductoras coreografías y un outfit que hacía un guiño a los atuendos de Michael Jackson, el originario de Huamantla, Tlaxcala comenzó con la guerra arrebatando los corazones jaliscienses.

¡Muy buenas noches Guadalajara! Qué impresión, qué maravilla. Bienvenidos a esta noche de guerra aquí en Jalisco, hoy quiero que todos se dejen llevar por esta guerra y que se metan a este viaje conmigo, ustedes lo disfrutan, es su concierto, es su show y ésta es su guerra y por lo tanto yo también soy suyo, a disfrutarnos todos” exclamó para agradecer las presencia del público.
Las sorpresas comenzaron a hacerse presentes cuando el espectáculo comenzó a expresar un alma teatral, pues el cantante junto con sus bailarines crearon atmósferas y dinámicas que transformaron cada canción en un universo diferente; cuatro maletas aparecieron en el centro del escenario donde para este punto, Carlos ya había solicitado la presencia de una viajera. Alondra fue la fanática afortunada que subió al escenario, escogió una maleta y emprendió el vuelo junto al cantante que la llevó de un lado a otro y de arriba a abajo para desaparecer en una luna de miel.

Así la noche se hizo íntima y Carlos supo perfectamente cómo afrontarla para hacer de anoche un momento inolvidable; Recuérdame, la emblemática canción de Coco que se acompañó de una impecable interpretación.
Llevando una secuencia casi perfecta, el intérprete estaba haciendo de su show una historia con principio, desarrollo y final. Fue entonces cuando una acróbata se posó sobre un aro en las alturas para personificar una Luna del cielo.
La escenografía del Tour Guerra tenía lo necesario para hacerle honor a su nombre; una tarima con detalles de fortaleza y un tanque que sirvió para dar albergue a su banda, sin embargo, la versatilidad de la decoración permitió que los muchos elementos físicos y visuales dieran personalidad a cada canción.

Sin lugar a dudas, el clímax del concierto llegó cuando Carlos ascendió vestido en pantalón militar y playera resaque que permitía ver sus brazos. Los sensuales movimientos del cantante no se hicieron esperar y con ello, tampoco los gritos ensordecedores de sus fanáticas que se deleitaron con sus coreografías al ritmo del pegajoso estribillo de Lo digo.
Las sorpresas, la emoción y los gritos no paraban y cuando el público ya no podía esperar más, la cantante tapatía y ex-compañera del cantante en el reality La Academia salió de tras bambalinas e interpretaron juntos el tema Ya no vives en mí. Luego, una kiss cam apareció en el centro del escenario pero con un giro inesperado; la proposal cam, que constaba en que si alguien del público llegaba a los ojos de esta cámara, habría propuesta de matrimonio, y así sucedió mientras el intérprete cantaba Otras vidas.
Así, tras más de dos horas de concierto y un nutrido repertorio de 25 temas, Carlos Rivera logró cautivar a los tapatíos con su energía, simpatía, creatividad y por supuesto con su voz con un final protagonizado por las letras y ritmos de Me muero, ¿Cómo pagarte? y Regrésame mi corazón, orden que no acató el público tapatío ni el propio Carlos Rivera, quien terminó por llevarse miles de corazones tapatíos a casa.

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