Voy en un avión. Busco inspiración y no la encuentro. Es la primera vez que escribo en este formato y como siempre, me congelo ante la página en blanco.
Todas las noches al momento de acostarme y tener la cabeza en la almohada me llega un huracán de ideas y temas, pero ahora cuando tengo tiempo, espacio y un buen disco cruzando mis oídos (el nuevo de Eluveitie) nada se me ocurre. Decido hojear la revista frente de mi para despejarme y pasar el tiempo.
Me encuentro con una entrevista a una chica de Barcelona, apenas tiene 21 años pero ya es toda una celebridad en Instagram. Es tan popular que hasta editorial Planeta le propuso hacer un libro con el subtítulo “el outfit perfecto para cada ocasión” (chale Planeta, gracias a ti tuve contacto con Carl Sagan, el mundo y sus demonios ¿qué pasó?)
Esta chica llamada Andrea Belver (@andreabelverf por si tienes la duda) me hizo pensar la relación que existe entre la comunidad fanática del género musical metal y sus ramificaciones (de ahora en adelante mencionada como “metaleros”) y el fenómeno de los influencers modernos.
Digo, al principio parece contradictorio porque aunque el metal por definición es contracultura pero ya forma parte de lo popular. Aunque nos duela, amigas y amigos. Las bandas viven de venta de discos, mercancía y entrada a sus shows, es decir, dependen del público.
Bob Stanley, escritor y periodista musical dice en su libro “Yeah! Yeah! Yeah!” que el metal se trata de una rebeldía lista para el consumo, pero además de rebelde también es profundamente conservador y posee un canon particular, sus ídolos, todo un código de conducta metalero y eso me parece muy interesante ya que está totalmente relacionado con el fenómeno influencer.
Dentro del canon metalero de hueso colorado, la busqueda del reconocimiento para ser mal visto. La autora de la entrevista, Carlota Otero, define al influencer como alguien que vive de ser tendencia, estar en la cresta de la ola de un tema. Aprovechar el momento y generar polémica.
Por otro lado el metal busca siempre ser incómodo. Es para aquellos que buscan huir del foco de atención. Parece ser que los metaleros están más cómodos en las penumbras, pareciera que busca aislarse en su música y sus temas de interés.
Siendo honesto la comunidad suele ser selectiva y purista. No cualquiera puede tener sus mismos gustos. Resuena mucho en mi cabeza una frase que me dijeron en un concierto “¿tú que vas a saber de música pinche chamaco?”.
Tenía 14 años y pues sí, no sabía mucho pero tampoco me había ganado eso. Ahora tu dirás “entonces ¿qué pedo, Iván? ¿cuál es tu punto?” Ahora verás a lo que quiero llegar, primero tengo que decirte que desde mi punto de vista los proto influencers dentro del género eran los propios músicos e integrantes de la banda, por ejemplo Rob Halford imponiendo el estilo de cuero y tachas, pero eso no es nada nuevo.
En parte ese es el objetivo del frontman y de la banda; marcar la pauta y como ya lo mencioné, al vivir del público, tienen que generar un impacto.
Hay muchas bandas geniales desde el punto de vista musical pero no generan ningún interés en la gente y por lo tanto mueren, por otro lado hay un mundo de bandas genéricas que intentan sorprender pero también fallecen en el intento. Entonces podemos descartar a los músicos actuales dentro del género como influencers modernos ya que ellos sólo se concentran en su música. El canon ya está hecho.
Dentro de mi debraye llegué a esto: cómo el influencer es alguien con credibilidad suficiente en un tema concreto y aspiran a ser referencia tanto para marcas como para el público general no puede haber un influencer de este tipo que cargue con la bandera de este género.
Uno, porque es difícil ganarse la confianza del metalero porque la neta creemos que nadie sabe más que nosotros (aunque en secreto tengamos un amigo que siempre nos sorprenda con un disco más chingón). Por otro lado, por más que pertenezca a la cultura pop, hacemos todo lo posible para alejarnos de las tendencias y de las multitudes, aunque los festivales como Wacken, Hell Fest, Download, Rock am Ring, etc etc muestran que
pertenecemos a los géneros con más seguidores alrededor del mundo, y finalmente porque preferimos mantenernos anónimos.
Entonces ¿quién toma la batuta? ¿quién es capaz de marcar una tendencia en esta enorme pero testaruda comunidad? Son respuestas difíciles de contestar, sobre todo porque aquel que empiece a generar popularidad y fama automáticamente comienza a ganar la etiqueta de vendido.
Curiosamente entre más gente se llegue a víncular el personaje influencer, esta persona puede comenzar a perder credibilidad. Es muy difícil llegar a la conciencia metalera.
Sin embargo, creo que para los que disfrutan de esta música vale más permanecer entre empujones con otros miles de locos sudados que estarle diciendo a la gente que es lo que está de moda.
No nos gusta imponer, al contrario, preferimos dejar nuestras joyas ocultas para que quien las pueda descubrir se gane nuestra camaradería. La importancia no radica en ser importante o en ser un líder de opinion.
El valor radica en ser lo suficientemente testarudo y forzado como para conocer tal banda o haber escuchado tal disco. Entonces, si me preguntan, no tiene sentido ser un influencer entre lo metaleros, cada quien acepta y
rechaza lo que quiere, pero sigue defendiendo a lo que pertenece.
Así que, Andrea que bueno que tienes un outfit perfecto para cada ocasión. Mis seguidores son los cabrones detrás de mi en el mosh y yo tengo una canción perfecta para cada momento. Los espero todos los miércoles en el «Mosh Pit».
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