Haz la prueba cualquier día que tengas un rato: abre la galería de tu celular y busca los videos de los últimos conciertos al que fuiste. Seguramente hay varios.
La canción que estabas esperando, la entrada del artista, algún momento que se veía increíble, una historia de quince segundos, otra de treinta y probablemente uno que otro video larguísimo que grabaste convencido de que ibas a querer volver a verlo.
Ahora viene la pregunta: ¿Cuántos de esos videos realmente volviste a abrir? A mí me parece curioso que tengamos tantas ganas de guardar los momentos que, a veces, por intentar guardarlos terminamos viviéndolos a medias. Y en los conciertos se nota muchísimo. Se apagan las luces, sale el artista y casi de inmediato aparecen cientos de teléfonos arriba de las cabezas en los conciertos.
Entiendo perfectamente por qué lo hacemos. Queremos tener el recuerdo, subirlo, compartirlo con alguien, decir “yo estuve ahí”. No creo que haya nada malo en eso. El problema empieza cuando dejamos de grabar un momento y prácticamente vemos todo el concierto a través de una pantalla.
Échale Ojo
La música, además, tiene algo que el teléfono nunca termina de capturar. No solamente la escuchas. La sientes. Hay bajos que te pegan en el pecho, canciones que te cambian la respiración, momentos en los que miles de personas empiezan a cantar lo mismo y sucede algo difícil de explicar. Puedes grabarlo en 4K, con el mejor teléfono del mundo, y aun así el video no va a tener eso que sentiste estando ahí.
Como músico, siempre me ha interesado mucho esa parte del sonido y de la atención. Qué pasa cuando de verdad escuchamos, cuando dejamos de tener la música de fondo mientras contestamos mensajes, revisamos Instagram o pensamos en lo siguiente que tenemos que hacer. Y algo que he aprendido con los años es que cuando cambia nuestra atención, cambia también la experiencia.
Échale Ojo
No solamente son conciertos. Nos pasa todos los días. Vivimos brincando entre mensajes, correos, videos, notificaciones, pendientes y pantallas. Incluso cuando hacemos algo que supuestamente nos gusta, muchas veces ya estamos pensando en cómo lo vamos a compartir antes de terminar de vivirlo.
Por eso, la próxima vez que estés en un concierto, prueba algo. No tienes que volverte enemigo del celular ni dejarlo en tu casa. Graba tu canción favorita, tómate la foto, sube tu historia si quieres. Pero después guárdalo un rato. Mira el escenario sin intentar encuadrarlo. Escucha cómo suena realmente el lugar.
Canta aunque cantes fatal. Brinca. Cierra los ojos durante una canción. Fíjate en la gente que tienes alrededor. Parece algo muy sencillo, pero cada vez hacemos menos cosas estando completamente ahí.
Échale Ojo
Y justo de eso hablamos mucho cuando trabajamos con M·T·M, Medita, Transmuta, Manifiesta: de recuperar la atención, de bajar por un momento el ruido de afuera y volver a sentir lo que está pasando adentro.
No desde algo complicado ni solemne, sino desde cosas tan simples como respirar, escuchar, moverte y darte unos minutos sin tantas distracciones. Si esto te hace sentido y quieres experimentarlo, este 10 de octubre nos encontraremos en ‘Reconexión’, una experiencia presencial en la que vamos a trabajar con meditación, respiración, sonido y movimiento.
No necesitas haber meditado antes ni saber absolutamente nada del tema. Solo llegar con curiosidad. Y quizá, por un rato, guardar el celular.
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