Para Paul Alone, crear implica desprenderse de las etiquetas, recuperar la curiosidad y aceptar que no siempre es necesario dominar una herramienta antes de utilizarla.
Esa búsqueda atraviesa ‘Nada Es Verdad, Todo Está Permitido’, un disco en el que el músico asumió prácticamente todas las etapas del proceso: composición, grabación, producción, diseño y realización audiovisual.
El proyecto no nació del deseo de alcanzar una ejecución impecable en Paul Alone, sino de volver al placer de experimentar sin conocer todas las respuestas.
Antes de reencontrarse con el público latinoamericano, el artista conversó con LaCarteleraMX sobre los límites que decidió romper, el riesgo de perseguir la viralidad y la necesidad de construir una obra que responda primero a su propio criterio.
Échale Ojo
Cuando te colocas dentro de una categoría, tanto creativa como personalmente, terminas limitándote. Empiezas a pensar que hay determinadas cosas que no puedes hacer porque no corresponden con la persona o el artista que se supone que eres.
El título me permitió desprenderme de lo que otros esperaban de Paul y crear lo que necesitaba en ese momento. Es una frase que había encontrado muchos años atrás y que continuó persiguiéndome hasta adquirir un significado especial durante esta etapa, cuando decidí derribar más barreras.
Quería recuperar la inocencia con la que hacía las cosas al principio. En ese momento podía colocar una cámara, cantar frente a ella, editar el video y publicarlo sin convertir cada paso en un proceso excesivamente profesional.
No sabía producir y eso fue precisamente lo divertido: aprender, experimentar y sorprenderme con cada descubrimiento. Asumir tantas tareas me devolvió la emoción de hacer algo sin saber exactamente cómo terminaría.
Échale Ojo
Completamente. Aunque nunca había producido un disco de esta manera, llevaba años observando cómo trabajaban otras personas dentro del estudio: cómo colocaban una guitarra, dónde situaban un micrófono o qué decisiones tomaban durante una grabación.
Toda esa experiencia permaneció conmigo y me dio la confianza necesaria para intentarlo. El álbum tiene mucho de aprendizaje acumulado, pero también de atreverme a trabajar por primera vez con herramientas que todavía no dominaba.
Comprendí que esa inocencia es fundamental para mí. Cuando intentamos que todo sea demasiado profesional, corremos el riesgo de perder una parte muy bonita del proceso. Los dibujos de los niños, por ejemplo, resultan fascinantes porque no nacen de una estrategia. Toman un lápiz y pintan sin pensar en el resultado o en la opinión de los demás. Existe algo muy puro en no saber.
Por eso necesito enfrentarme a cosas que desconozco. Así puedo disfrutar el aprendizaje mientras avanzo, en lugar de preocuparme únicamente por alcanzar un resultado perfecto.
La experiencia me ha demostrado que, cuando intento anticipar qué va a funcionar, normalmente no sucede. En cambio, cuando publico algo porque realmente me gusta, sin saber cómo responderá la gente, en ocasiones termina conectando de una forma inesperada. Puede existir cierta presión después de una canción exitosa, pero no quiero crear pensando en repetir una fórmula.
El único filtro en el que puedo confiar soy yo. Si trato de adivinar lo que le gustará al público, probablemente me equivoque; si hago algo que me representa, al menos estoy siendo honesto.
Échale Ojo
Miedo no; quizá vértigo. De hecho, romper con esa imagen era parte del objetivo del disco. Probablemente habría sentido más miedo si todo el proceso hubiera estado condicionado por la necesidad de conseguir éxito. Este proyecto nació para explorar, así que las canciones diferentes no representaban una amenaza, sino una confirmación del camino que quería seguir.
Regreso con tanta ilusión que estoy disfrutando absolutamente todo. Ya habíamos venido dos veces y siempre tuvimos una experiencia increíble.
México nos ha permitido conocer lugares, personas y formas distintas de vivir la música. Cada visita ha sido un privilegio y también muy divertida. Ahora quiero trasladar toda esa emoción al escenario y compartir estas canciones con el público.
Vivimos en un mundo plural y todos compartimos el mismo espacio. Con las redes sociales podemos caer en la idea de que cada persona habita una realidad construida únicamente a su medida, pero eso no es verdad: formamos parte de una sociedad.
Necesitamos mirar más allá de nuestra propia experiencia, pensar en los demás y recordar que nuestras decisiones también afectan al entorno. Solamente desde esa conciencia colectiva podremos construir un mundo mejor.
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