El crecimiento de Jesse Baez dentro del R&B latino ha sido gradual, consistente y, sobre todo, orgánico. Lo que comenzó como una propuesta alternativa dentro de la escena independiente terminó consolidándose la noche del 6 de febrero con un hito en su carrera, con su primer Teatro Metropólitan con localidades agotadas, un logro que no solo confirma su alcance, sino también el vínculo que ha construido con su audiencia.
Desde antes del concierto, el público ya mostraba una gran expectativa que genera el cantante guatemalteco. La estética del escenario apostó por la sobriedad, instrumentos al frente, una pantalla central y una iluminación dominada por tonos rosas y azules que ayudaban a construir una atmósfera íntima, acorde con la identidad sonora del artista.
Alrededor de las 20:45 horas, Baez apareció en el escenario y bastaron los primeros acordes de ‘Egoísmo’ para que el público se pusiera de pie, y que prácticamente así se mantuvieron durante las casi dos horas que duró el concierto. La conexión fue inmediata y constante, marcada por gritos, coros colectivos y una energía que no bajó en ningún momento.
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El arranque fue contundente. Temas como “Apaga la luz”, “Hablas”, “Creo que me estoy enamorando” y “Pienso en voz” marcaron un inicio que dejó claro que el show sería un recorrido sólido por los momentos más representativos de su discografía.
La noche también abrió espacio para colaboraciones que han sido parte importante de su carrera. El primer invitado fue Santiago Casillas, vocalista de Little Jesus, con quien interpretó “Maldita distancia”. Más adelante apareció Girl Ultra, provocando un viaje directo a 2017 con “Sabor”, una de las colaboraciones más recordadas del cantante.
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La lista de invitados continuó con Foudeqush, quien se sumó para interpretar “Cumbia Aesthetic”, tema que evidenció la versatilidad sonora de Baez y que además regaló uno de los momentos más espontáneos cuando el cantante se permitió mostrar algunos pasos de baile sobre el escenario. Finalmente, Yoshi apareció para interpretar “Se me olvida”, cerrando el bloque de colaboraciones que, aunque no pertenecen exclusivamente a su repertorio, forman parte esencial de su identidad musical.
Uno de los instantes más emotivos llegó durante “No sé vivir”, cuando las pantallas proyectaron a una pareja del público protagonizando una propuesta de matrimonio que culminó con un “sí, acepto”. Visiblemente sorprendido, al propio Jesse confesó que nunca imaginó presenciar algo así durante uno de sus conciertos.
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La recta final del show equilibró material reciente con temas de etapas anteriores de su carrera, incluyendo canciones que rara vez suenan en vivo como “No jalo” y “Limo”, generando una respuesta especialmente efusiva entre sus seguidores más fieles.
El cierre llegó con su versión de “Desvelado”, antes de preparar uno de los momentos más significativos de la noche. Baez anunció que interpretaría “Malibú” en dos ocasiones, la primera invitando al público a grabar y capturar el momento, y la segunda pidiendo guardar los celulares para vivir la canción de manera completamente presente.
La respuesta fue inmediata y el teatro se transformó en un coro colectivo que terminó de sellar la conexión entre artista y audiencia.
El debut de Jesse Baez en el Teatro Metropólitan no necesitó de una producción escenográfica monumental para consolidarse como una noche memorable. Bastaron su presencia, su banda y un repertorio que confirma su crecimiento musical y la solidez de su propuesta.
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