Dani Martín conquistó el viernes al Teatro Metropólitan llenando el icónico venue en su esperado regreso a México como parte de su gira ’25 P*t*s Años’.
Hay una anomalía estadística en el pop español contemporáneo y se llama Dani Martín. En una industria que devora solistas que intentan escapar de la sombra de sus bandas —el cementerio de proyectos truncos es inmenso—, el nativo de San Sebastián de los Reyes ha logrado lo impensable: sobrevivir a la implosión de El Canto del Loco sin perder la relevancia ni el pulmón.
Tras una ausencia forzada por pandemias y un retiro voluntario de tres años que él mismo describe como un acto de higiene mental, Martín regresó al Teatro Metropólitan de la Ciudad de México. No fue solo un concierto; fue una validación de catálogo. Afuera, la iconografía de la ‘merch pirata’ (o bootlegs de bajo costo, para los puristas del marketing) decoraba la calle, pero adentro, la atmósfera era de un culto que ha pasado de generación en generación.
Échale Ojo
El show de la gira «25 años» es un ejercicio de maximalismo emocional. Martín no se anda con rodeos: arrancó con una triada de alto voltaje que incluyó «Zapatillas», «Canciones» y «Besos». Aquí, el pop-punk de principios de los 2000 se sintió fresco, despojado de la ironía moderna y entregado con una urgencia que sugería que Dani no tenía tiempo que perder (o quizás, simplemente, tenía demasiadas canciones por despachar).
Acompañado por una banda de siete músicos —destacando la presencia de David Otero, un guiño necesario a la genealogía de El Canto—, el setlist de 27 temas fue un recorrido por la anatomía de su carrera. Sin embargo, la puesta en escena pecó de austera: una pantalla rosa con proyecciones minimalistas que, durante los primeros diez temas, se sintió desconectada de la energía volcánica que bajaba del escenario.
Échale Ojo
La verdadera joya de la noche no fue el despliegue técnico, sino la confesión. Martín se detuvo para recordar que sus herramientas siempre han sido un bolígrafo y un papel, y que canciones como «Ya nada volverá a ser como antes» nacieron en el sofá más feo de su casa. Esa honestidad brutal es la que le permite cantar «La madre de José» —ese himno irreverente a las milfs— y minutos después conmover hasta el tuétano con una versión acústica de «Peter Pan» entre el público.
Dani Martín ha perfeccionado el arte de ser él mismo, incluso cuando eso significa recomendarle a su audiencia que dejen de producir y se dediquen a mirar atardeceres. Su show en el Metropólitan fue una prueba de que la música hecha «con el alma y el corazón» (palabras del propio Dani) tiene una vida útil infinita.
El 9.0 no es solo por la ejecución, sino por la capacidad de mantener viva una llama que, en manos de cualquier otro, se habría extinguido hace una década.
Highlights: ‘La Suerte De Mi Vida’ (acústico), ‘Zapatillas’, ‘Insoportable’. Para fans de: El Canto del Loco, Hombres G, la nostalgia que no duele.
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