Kraftwerk regresó a México para presentarse en el Pepsi Center de la CDMX y demostrar por qué, a pesar de haber pasado 40 años, Ralf Hütter y compañía siguen siendo los líderes indiscutibles de la música electrónica.
El entusiasmo era evidente, y el Pepsi Center estaba abarrotado anoche para presenciar el espectáculo de Kraftwerk en México, su primera actuación en casi siete años, desde que formaron parte del cartel del Corona Capital en 2016.
La demanda fue tan alta que se formaron largas filas fuera del Pepsi Center, y muchos se fueron decepcionados, ya sea porque no encontraron boletos, incluso en la reventa, o porque habían adquirido boletos falsos.
Con un ligero retraso, cada uno de los miembros de Kraftwerk subió al escenario luciendo sus icónicos trajes cuadriculados, reminiscentes de la película Tron, y sin mostrar emociones, dieron inicio al recital audiovisual. Ralf Hütter es el único miembro original que queda, aunque en realidad eso no importa. La música es una maquinaria perfecta en la que los hombres no importan, solo las máquinas.
El clásico «Meine Damen und Herren» -es decir, «damas y caballeros«- resonó desde el escenario, luego de que se abrió el telón para revelar los cuatro púlpitos desde donde Ralf Hütter, Fritz Hilpert, Henning Schmitz y Falk Grieffenhagen hicieron lo suyo durante casi dos intensas horas: ofrecer lo que en 1970 parecía ser el sonido del futuro para los artistas vanguardistas.
Con una mezcla de «Numbers» y «Computer World«, comenzó una noche en la que nadie pudo resistirse a bailar. A pesar de la aparente frialdad de los músicos, los sonidos que brotaban de sus instrumentos tenían la calidez suficiente para provocar el movimiento en todos los asistentes.
Uno de los aspectos más destacados del grupo es que muchas de sus canciones se han convertido en realidades palpables. Un tema tan antiguo como «Computer Love«, que surgió en 1981, es hoy más relevante que nunca.
La música interactuando con los videos, junto con los trajes, cautivó a un público hipnotizado por el ritmo incesante de múltiples matices, creando así una noche verdaderamente especial. Era algo que se esperabamos con ansias, y se cumplió con creces.
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