El pasado sábado 10 de octubre, La Barranca se presentó en el Teatro Esperanza Iris ante una fiel audiencia de seguidores de esta banda de culto. La única presencia escénica destacada fue una silla en el centro del escenario, donde José Manuel Aguilera y su guitarra esperaban el inicio. Los músicos, con evidente entusiasmo, confirmaron que el show estaba a punto de comenzar.
Échale Ojo
Abrieron con “Tempestad”. La voz de Aguilera hizo erizar la piel de todos los presentes. Una luz tenue azul envolvía el escenario, un sonido exquisito y los ánimos se elevaron de inmediato. De pronto los acordes de “Llueve” —canción que aparece en el álbum Rueda de los Tiempos— hicieron que el público comenzara a aplaudir con entusiasmo. Vaya versión acústica, que conservaba intacta su esencia.
La música se detuvo para que Aguilera pronunciara las siguientes palabras:
«El acústico para nosotros ha significado cambiar un poco de perspectiva de lo que venimos haciendo en los últimos años y también revivir canciones que no tocamos o que tocamos muy poco… bueno, de eso va la noche. ¡Bienvenidos!»
El setlist constaba de 23 canciones. Destacamos “Gran Pez” y “Escarabajo”, que guarda una gran historia detrás: más que una simple canción, es un decreto a todas las personas que ayudaron a levantar los escombros de las víctimas del terremoto de 17 de septiembre de 2017.
Échale Ojo
A pesar del tinte de seriedad que impregnaba el show, los músicos aprovecharon cada pausa para explicar lo que había detrás de varias canciones y platicar sobre cómo las perciben sus fans. De esta manera se lograba una intimidad total.
San Miguel fue otra de las canciones que brilló, pues fue dedicada a Joel Rendon, quien los apoyó desde el principio a darle una identidad visual al proyecto. Un grabado gigante proyectando a San Miguel arcángel nos acompañaba, el arte visual y el arte músical fueron uno.
“Septiembre” es uno de los últimos lanzamientos de la banda y, por primera vez, tuvimos el placer de escucharla. Como mencionó Aguilera, “esta canción no pertenece a un disco”, pero nos da un poco de esperanza de un nuevo disco pronto.
La banda puede ser de culto, pero posee ese feeling que cautiva a las juventudes. En el público se apreciaban personas jóvenes aplaudiendo y gritando “¡otra, otra, otra!”. Su música está cautivada por su sonoridad magnífica, eso es innegable.
La luna descendía y el tiempo avanzaba. Llegó el momento de la pausa, marcada con “Sueño de Orquídea”. Después de unos minutos de silencio, la banda regresó para su encore de tres canciones más: “Hasta el fin del mundo”, “Intacta” y “Quémate lento”. Las luces rojas y azules se fueron apagando poco a poco, así como cada instrumento.
Échale Ojo
Sin duda fue una noche exquisita, una ceremonia íntima y frágil en la que se unieron cuencos, piano, guitarra e instrumentos que rara vez habían presentado. Esperamos que este acústico se repita en un futuro. Y si tienes la oportunidad de sentirlo, no lo pierdas.
Nota final: Para esta humilde reportera, faltó Alacrán en el repertorio.
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