Entre flores de cempasúchil y un mar de color, miles de capitalinos y visitantes se reunieron para vivir el Gran Desfile de Día de Muertos, una de esas tradiciones que cada año logra convertir la ciudad en una fiesta con sentido. El recorrido, cargado de música, danza y alegría, rindió homenaje a personajes que forman parte del imaginario nacional: Carlos Monsiváis, Paquita La Del Barrio, Tongolele y Rockdrigo González, entre muchos otros.
Este año el desfile tuvo un pulso especialmente simbólico: la conmemoración de los 700 Años De La Fundación De La Gran México-Tenochtitlán se mezcló con recuerdos colectivos como el sismo de 1985. El carro alegórico “Corazón De Tenochtitlan: 700 Años”, obra del taller El Volador, abrió el cortejo con serpientes emplumadas, un águila sobre nopal y el Huey Teocalli al fondo —imágenes que evocaron el origen y la vitalidad de la ciudad.
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Más de 50 comparsas y nueve bloques temáticos —“700 Años”, “El Último Viaje”, “Faros”, “De México Para El Mundo”, “Comunitaria”, “Utopías”, “Tradición Y Renovación”, “La Gran Ciudad De México” e “Injuve”— desfilaron desde las 14:00 hrs. Cada bloque aportó su propia estética y energía: desde batucadas hasta instalaciones que mezclaron performance y folclore urbano. Niñas y niños en hombros, familias completas y turistas siguieron el paso con entusiasmo, convirtiendo el trayecto en una celebración intergeneracional.
El clímax llegó en la Plaza de la Constitución, donde la Ofrenda Monumental recibió a los contingentes entre miles de flores y figuras de papel maché. Allí, el estruendo rítmico se volvió colectivo: gritos, cantos, y el fluir inagotable de ofrendas y recuerdos. Fue un espacio para el duelo, la fiesta y la catarsis —todo en una misma tarde.
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El Gran Desfile De Día De Muertos volvió a demostrar que la CDMX no sólo conserva tradiciones: las reinventa. Entre el color, la ironía y la solemnidad, la jornada terminó reafirmando algo sencillo pero poderoso: la memoria compartida construye comunidad. Y mientras las flores se apagan y las comparsas se dispersan, queda la certeza de que este ritual seguirá convocando a millones para celebrar la vida con arte, memoria y orgullo.
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