La selección absoluta de México firmó una página dorada e inédita en la historia del balompié internacional al derrotar de forma contundente por 3-0 a su similar de Chequia.
El bando europeo arribó al inmueble con la urgencia matemática de conseguir un milagro para seguir con vida en la competencia de la FIFA. En los primeros compases del cotejo, la escuadra visitante logró plantarse con peligro frente al marco encomendado a Raúl Rangel, pero la pésima puntería de sus atacantes diluyó la oportunidad. A partir de ese momento, el peso de la localía y las condiciones del césped terminaron por asfixiar por completo el planteamiento táctico de los checos.
Durante la primera mitad, el parado conceptual del conjunto dirigido por Javier Aguirre careció de la profundidad necesaria para abrir el cerrojo defensivo de los rojos. La aproximación más lúcida nació de los botines de Julián Quiñones, cuyo remate se marchó por encima del travesaño, provocando un sonoro abucheo de la exigente fanaticada azteca al descanso. Sin embargo, la charla técnica en los vestidores revolucionó por completo la propuesta futbolística de los locales para el complemento.
La recompensa dorada ocurrió al minuto 51 de tiempo corrido gracias a una vistosa genialidad individual del mediocampista Luis Romo. El volante frotó la lámpara al filtrar un servicio quirúrgico entre tres defensores rivales que habilitó la proyección a máxima velocidad de Mateo Chávez; el juvenil carrilero controló el esférico con elegancia y definió con un toque sutil ante la salida del arquero para decretar el 1-0 parcial, desatando la locura en el graderío.
Con el momento anímico a su favor, la escuadra mexicana monopolizó el control de la pelota en el último tercio de la cancha. Minutos más tarde, el habilidoso enganche Gilberto Mora condujo una transición letal por el carril central y sirvió un pase preciso para Jorge Sánchez; aunque la zaga logró desviar el intento en primera instancia, el rebote favoreció la llegada oportuna de Julián Quiñones, quien empujó la redonda al fondo para firmar el 2-0 provisional.
Échale Ojo
Para coronar una velada mística, el director técnico Javier Aguirre revolucionó las emociones del público al ordenar una sustitución sumamente emotiva al minuto 76. El veterano guardameta Guillermo Ochoa ingresó de cambio en sustitución de Raúl Rangel, recibiendo una ovación monumental de pie al convertirse de forma oficial en el primer futbolista en la historia del balompié mundial en asistir a seis Copas del Mundo distintas.
Cuando el cronómetro dictaba los últimos suspiros del tiempo añadido, la fiesta tricolor encontró su broche de oro en los botines del mediocampista Álvaro Fidalgo. El volante aprovechó un espacio en los linderos del área grande para sacar un riflazo fulminante de pierna derecha que perforó las redes europeas, sellando el definitivo 3-0 en la pizarra electrónica que confirma la solidez defensiva de un equipo que marcha con el arco totalmente invicto.
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