
Miércoles, 30 de julio, 6:00 de la mañana. El motor arranca y empieza nuestra travesía: ocho horas de carretera atravesando Alemania, desde la tranquila Friburgo de Brisgovia, en el sur, hasta el mítico Holy Ground de Wacken, en el norte.
Otros hicieron el mismo recorrido en diez horas; algunos tardaron un día entero. Me lo contaron un par de mexicanos que conocí en el festival. De hecho, no tardé en toparme con un grupo de compatriotas que, sin conocerse antes, se habían unido allí mismo solo por llevar la misma bandera en el corazón.
México Presente En El Wacken
Una chica del grupo me dijo que había viajado sola desde la Ciudad de México. No era la única: a lo largo del festival vi a muchos más rostros conocidos por el acento. Ese miércoles, lamentablemente, nos perdimos la actuación de Hellmidian, los oaxaqueños que representaban a México en el ‘Battle Of The Bands’ y que habían tocado al mediodía.
Llegamos justo a tiempo para ver a Saltatio Mortis, una banda alemana de metal medieval que se convirtió en nuestro primer concierto del día.
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La noche ya había caído y, con ella, una lluvia implacable que castigaba el recinto. Desde la carretera los chubascos nos acompañaban; unos cien kilómetros antes de llegar ya se dibujaban en el cielo las nubes grises que nos darían la bienvenida. En Wacken hay algo que todo veterano sabe: botas de hule, calcetines gruesos, pantalón y chamarra impermeables.
Sin eso, estás condenado al lodo y la humedad, que son tan parte del festival como las guitarras eléctricas. Ese día, el más lluvioso de todos, olvidé el pantalón impermeable y mis jeans terminaron empapados. No fue nada cómodo, y aprendí la lección para el resto del evento. Claro que, si no te importa mojarte, con unas buenas botas impermeables puedes sobrevivir… pero yo no lo recomiendo.
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El Clima Nos Juega Mal
A la hora de comer, el clima volvió a jugar en contra. Los espacios techados estaban saturados, y sentarse en el suelo era impensable. Por suerte, la oferta gastronómica era un viaje por el mundo: comida china, alemana, turca, italiana y, por supuesto, mexicana. Y aquí no puedo evitar ser parcial: la comida mexicana ganó por goleada en sabor.
Los precios eran los esperados en un festival de esta magnitud: tres tacos bien servidos, 15 €; fideos chinos, 9 €; pizza, 12,90 €; refresco, 5,30 €; cerveza, 5,80 €, más 2 € por el vaso reutilizable, que podías devolver o guardar como recuerdo. Yo regresé con dos en mi maleta.
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El Nuevo Método Para Pagar
Este año, Wacken implementó el sistema Cashless. Tu pulsera de acceso funciona también como monedero: la recargas con tu tarjeta desde el móvil o en puntos habilitados y pagas con un simple toque. Si al final del festival te sobra saldo, entras a la web y solicitas el reembolso.
La lluvia, el lodo, el cansancio y las botas pesadas… todo eso se olvida cuando empieza la música. Y ahí, en medio del barro y los gritos, entiendes por qué cada año miles de personas cruzan el mundo para llegar a este lugar: Wacken no es solo un festival, es un rito de paso.
Jueves
El sol fue el último invitado que, por fin, llegó a la fiesta. La mañana se mostró mucho más amable que la noche anterior, cuando incluso tuvimos que evacuar las casas de campaña y refugiarnos en los autos por una advertencia de tormenta eléctrica. Con los primeros rayos, empecé a notar algo curioso: nuestros vecinos inmediatos en el campamento eran nada menos que la banda Panchabuta, de India.
A unos metros más allá, otra banda alemana. Y, al confirmar que en ese mismo campamento se alojaban todas las agrupaciones de The Battle Of The Bands, escuché español detrás de mí: era The Phobos, de Guatemala. En resumen, estábamos rodeados de músicos, lodo y metalheads de todas partes.
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Inicia La Aventura
Con el sol y solo unas pocas nubes, nos dispusimos a prepararnos y comer algo. En nuestra zona teníamos duchas, baños, agua potable y una pequeña cafetería que ofrecía desayunos generosos: café, huevos revueltos, hotcakes, donas, pan y otras bebidas. Todo un lujo para un festival donde uno espera sobrevivir a base de comida rápida y cerveza.
Ya dentro del festival, me lancé a ver a Ugly Kid Joe, pero en el camino hacia el escenario Louder escuché a lo lejos a Skyline tocando en el escenario Harder un enorme cover de Linkin Park: ‘In The End’.
El Gran Homenaje De XerO
Al llegar a mi destino, pude disfrutar de la calidad de Ugly Kid Joe, que en medio de su set también se aventaron otro cover épico: ‘The Ace Of Spades’ de Mötorhead. En ese mismo escenario presencié, 23 años después de haberles abierto a KoRn en el entonces llamado Foro Sol, a Static-X. Esta vez con Xer0 reemplazando a Wayne Static en la voz y guitarra.
Xer0 le rinde homenaje saliendo al escenario con una máscara y el característico peinado de Wayne. De su voz ni se diga: no lo imita, pero canta en el mismo rango, con una textura rasposa y perfectamente acorde al estilo de Static-X.
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El headliner de ese día fue Guns N’ Roses, que se aventaron ¡tres horas y media de concierto! El recinto estaba a reventar; sin exagerar, casi la mitad del público fue a ver a Gn’R. Guns fue mi primera banda favorita de rock, la razón por la cual aprendí a tocar el bajo… tenía que volver a verlos.
Los verdaderos fans sabemos que a Axl le encanta dar conciertos, aunque de su voz ya no quede ni sombra de lo que alguna vez fue.
Y aquí tengo que mencionar un detalle que ni a los más leales nos gustó: como canta mucho en falsete, supongo que su técnico de audio debe subir el volumen de la voz, y cuando canta en registro normal, el volumen resulta exagerado, incluso molesto. No fui el único que lo notó y lo comentó.
El tema de la voz siempre está en boca de todos, pero los fans ya lo sabemos: vamos más por la nostalgia de las glorias pasadas, por ver y escuchar a Duff, a Slash, a Dizzy… no a quejarnos.
El Final
Eso lo dejaron para los fans ocasionales, que no dudaron en criticarlo en grupos de Facebook e Instagram. Para los true fans, fue una gran noche de recuerdos y gratitud.
Para cerrar mi jornada, fui a mi último concierto del día: Ministry, pioneros del industrial, con el cubano Alejandro Ramírez —alias Al Jourgensen— como único miembro original de aquella banda nacida en Chicago en 1981. Otra leyenda que tenía que ver en vivo, y no decepcionaron.
Abrieron su set con Thieves, la canción a la que Limp Bizkit le hiciera un cover, popularizándola aún más en el Woodstock ‘99. Siguieron con clásicos de su repertorio, y el público de Wacken se les entregó por completo, con mosh pits y crowd surfing a raudales.
Lo Que Dejó La Primera Jornada
Así terminaron mis dos primeras jornadas en Wacken: barro hasta los tobillos, botas empapadas, cuerpo cansado y una sonrisa imposible de borrar. Entre chubascos, reencuentros con viejas pasiones musicales y descubrimientos inesperados, el festival ya me había recordado por qué este lugar es un santuario para los metaleros del mundo.
El miércoles fue la bienvenida áspera, la prueba de resistencia entre lluvia y viento, pero también la emoción de llegar por fin al Holy Ground. El jueves, en cambio, nos regaló sol, encuentros con músicos de todos los rincones del planeta y un desfile de leyendas sobre el escenario que me hicieron viajar en el tiempo.
Pero esto apenas es la mitad del viaje. Quedan dos días más —viernes y sábado — con un cartel que promete más batallas de lodo, más cerveza, más historias y, por supuesto, más música. Lo que pasó después merece capítulo aparte… porque en Wacken, cuando crees que ya lo has visto todo, el festival todavía tiene un as bajo la manga.





