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Recordando un disco: “Depende”, un jarabe con sabor a memorias

Aunque pareciera que todavía falta una semana para que termine el mes, este viernes es el último de febrero y por lo tanto este día recordaremos un disco. Romperemos un poco la rutina de buscar algún acontecimiento importante relacionado a algún disco del pasado y tomar eso como un pretexto para hablar de ese trabajo, hoy simplemente he decidido tomar un álbum que signifique mucho para mí y hablar de él, así que como lo pudieron leer en el encabezado haremos un viaje al baúl de los recuerdos propios y ajenos, desempolvaremos el “Depende” de Jarabe de Palo. Acompáñenme a recordar un disco.

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Tal y como lo mencioné anteriormente quiero utilizar este espacio para compartir un poco de mi persona con ustedes, por lo tanto hoy nos olvidaremos de esas formalidades que suelo repetir en cada edición donde les presento una introducción, una historia, contenido y finalmente conclusiones. Hoy solo estoy aquí para acercarme más a ustedes y contar algunos puntos como si estuviéramos en la intimidad de una charla entre amigos.

Comencemos, este disco es especialmente significativo para mí puesto que fue de los primeros trabajos que me acercaron a los géneros afines que tengo en la actualidad, como casi todos nosotros el primer acercamiento a la música que tenemos no surge en la escuela o con los amigos de la cuadra, la verdadera primera impresión nace en casa con aquellos remixes a los que nos someten nuestros mayores y que seguramente conforme crecemos renegamos de ellos, pues mi caso no es ese. Crecí con un padre y un abuelo apasionados por la música, el primero con amplios y diversos gustos musicales, sería una lista interminable el mencionar todos los artistas y canciones que recuerdo, pero entre todos ellos se encontraba el disco del que hablaremos a continuación.

Esos ritmos que brotaban de la interpretación de Pau Donés me atraparon desde el inicio, ni siquiera puedo fijar el rango de edad en el que me encontraba, fue tanta la obsesión que el componente que teníamos en casa y el radio del auto se encargaron de dañar el disco al punto de no poder volver a reproducirlo nunca más. En fin, gracias a mi padre el mundo de la música me abrió sus puertas y debido a esto hoy estoy aquí con ustedes, llevándoles reseñas cada semana donde expreso todo lo que aprendí de mi viejo.

Él fue quien reprodujo por vez primera ese disco en mi presencia, constantemente me pregunto si habrá algo detrás de esa elección o solamente lo toco por gusto y no esperaba que yo tuviera esa respuesta, me gusta pensar que la primera respuesta es la correcta. Ese disco me trajo algunas enseñanzas que me han resultado útiles cada día de mi vida, es justo eso lo que les quiero contar.

Una de las lecciones más importantes que he tenido llegó a temprana edad acompañada con una canción que agradezco tanto haber escuchado desde niño y también agradezco haber comprendido con el paso de los años, hoy día sigue siendo una de mis principales leyes de vida. El tema del que estoy hablando es aquel que inaugura el álbum del que estamos hablando: “Depende”, una canción que parece sencilla a primer oído pero para mí significa tantos recuerdos, tantos aprendizajes y tantas lecciones de cómo enfrentarse a la cruel realidad que a veces significa el vivir.

Depende ¿De qué depende? De según como se mire, todo depende

“Pura Sangre”, “La Plaza de las Palmeras” y eventualmente “Mi Mundo En Tu Mano” me recuerdan tanto a mis orígenes, no de manera literal pues no comparto cosa alguna con el origen de la banda o de las canciones, pero la amplia influencia de ritmos latinos con el ascendiente rock español me evoca a todas esas mañanas de domingo en donde lo primero que podía escuchar al despertar era una sinfonía de éxitos variados contenidos en los casetes o discos compactos que yacían en la colección de mi padre, sabía que un buen día comenzaría con un poco de rock en tu idioma, tal vez algo tropical o regional mexicano y en el caso excepcional sonaría algo de rock anglosajón de antes del nuevo milenio.

¿Qué hay de malo en perseguir los sueños? ¿Qué hay de malo en soñar despierto?

Llegamos a la segunda lección de vida que me dio este disco y que indirectamente (o directa) me enseñó la persona que me presentó la belleza de este material y que sin ella nunca me hubiera acercado a la música. “Realidad o Sueño”¸ una canción llena de cuestiones como las citadas líneas arriba, yo tengo una respuesta para ellas, no hay nada malo en soñar despierto y mucho menos hay nada malo en perseguir lo que anhelas, si no vas a perseguir tus sueños para qué te esfuerzas en tener uno.

“Agua”, “Perro Apaleao” y “Toca Mi Canción” forman ese trío de canciones que le ponían buena vibra a cada reproducción, temas que hasta la fecha me resulta imposible no cantar cada vez que las escucho, ya sea en alguna plataforma digital, en aquellos viejos estantes de casa o cuando por azares del destino suena por las calles de la gran ciudad.

Hacia la recta final del disco tenemos otra canción que constituyó otro importante mantra de vida para mí, tal vez no por la parte musical y mucho menos por la parte lírica, todo el peso que le atribuí con el paso de los años al solo título de una canción, entendí que no siempre las opiniones serán armoniosas entre las partes, que cada individuo tiene un desarrollo distinto, por ende todos en el mundo somos distintos y eso es lo rico de la humanidad, aprender a encontrar respeto en la diversidad pero lo más importante:

Vive y deja vivir

El trabajo completo culmina con un par de canciones por una parte tenemos “A Lo Loco”, la parte divertida que da un cierre total a esta experiencia de casi una hora de duración, la pieza que le antecede es “Adiós”, el toque más nostálgico y que puede ser interpretado de mil maneras, hasta este día que volví a escucharla yo no le había colocado un significado específico, supongo que cada uno tiene su punto de vista de acuerdo a sus circunstancias.  

Saben, tal vez cuando escuché por primera vez e incluso hasta las 10 primeras veces no entendía la mitad de lo que se buscaba plasmar en este trabajo, descubrir y atribuirle significado a cosas donde tal vez no haya nada fuera de lo común es el ejercicio que une a una persona con algo material, mi caso es este, un disco con el que crecí y al cual le guardo un inmenso cariño por todo lo que gira alrededor de él. Esa es la parte bonita de hacer tu vida acompañado por algún disco que signifique algo especial para cada uno, sí, yo tengo muchos de ellos pero este es un caso extraordinario y es por eso que decidí comenzar por él, esperemos que alguna otra ocasión se abra la oportunidad para contarles más historias relacionadas a un álbum.

Podría quedarme a vivir para siempre entre los versos y las notas cobijadas en este álbum y a su paso contar tantas anécdotas de mi vida pero no creo que sea del interés de todos aquí, por lo tanto es mejor optar por terminar esta columna antes de impregnarla con sentimentalismos sin sentido para ustedes.

A continuación les dejaré el enlace a este trabajo tan especial para mí vía Spotify, los invito a escucharlo, tal vez alguno de ustedes pueda abrir un nuevo capítulo de su vida de la mano de este álbum así como yo lo construí a lo largo de todo este tiempo.     

Agradezco que se hayan tomado el tiempo de llegar hasta el final de esta humilde nota, un trabajo que por vez primera en lugar de buscar transportarlos a ustedes por sus recuerdos se convirtió en un espacio donde su servidor pudo compartir y externar tantas emociones encontradas al volver a escuchar las canciones que lo han acompañado por casi 20 años. Sin más que agregar me despido por hoy, nos leemos en una semana con un nuevo Viernes de Discos aquí en su medio digital favorito, hasta pronto queridos lectores

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