
O Tempo Não Pára (el tiempo no para), bien lo dice desde 1988 aquella canción del brasileño Cazuza que unos años después fue reversionada por unos jóvenes del barrio de Barracas en la ciudad de Buenos Aires; quienes un buen día se conocieron para hacer, voluntariamente, música, aunque terminaron haciendo más que eso.
En el año 1988 Argentina era un país políticamente complicado. En este núcleo en donde las desigualdades se acentuaban y el autoritarismo, que se ha hecho visible durante casi toda la historia del rock, gobernaba el desorden argentino, surgió la Bersuit Vergarabat.

Bersuit Vergarabat, una banda que pretendía romper algunas de las convenciones establecidas para hacer música, experimentando en sonidos poco ortodoxos para el rock y haciendo demandas políticas, pese a la censura que pudiera significar; se convirtió en un emblema del rock argentino.
Hace ya 30 años que Bersuit comenzó este proyecto, y desde entonces, con configuraciones en la alineación y demás cambios naturales en una trayectoria tan larga, no paran de hacer música.
Una gran noticia para aquellos que durante este tiempo han perseguido y acompañado a La Bersuit, pese a sus configuraciones que no todos aceptaron de buena manera, como la salida de el ex vocalista Gustavo Cordera, fue que la banda regresaría al país.
Así fue como este 22 de abril, con un Plaza Condesa casi lleno, se pudieron reunir cientos de aficionados a cantar las canciones que se han convertido en himnos. Camisetas, banderas y todo tipo de objeto con los colores albicelestes que representan al país de origen de la banda, llenaban gradualmente el recinto.

El público tuvo una diversidad que iba desde personas adultas (quienes predominaban) y jóvenes, hasta niños. A todos los unía la euforia por ver a la banda, a la que convocaban con tres golpes con las manos para gritar “¡Ber-suit!” luego de estos.
Así, puntualmente, a las 8:00 pm el escenario se iluminó para visibilizar las clásicas pijamas de preso que uniforman a los integrantes de la agrupación, entre gritos, aplausos y mucha alegría. Enseguida, se pudieron escuchar los primeros acordes de la canción que lleva un nombre que describe la sensación de presenciar su show: Desconexión Sideral. Enseguida, le acompañaron La soledad y Toco y me voy.
Durante el show se mantuvo la calma, aunque esto no quiere decir que fuera flojo. La banda mantuvo un ritmo peculiar, ya que alternaron canciones de fiesta y otras de melancolía. Con temas como Cuatro vientos, La venganza de los muertos pobres, Luna hermosa, El viejo de Arriba y Señor Cobranza, Bersuit dio un repaso por todos esos 30 años de trayectoria que festejaban.

Sin pausa alguna, el show estaba por terminar y las emociones que se observaban en el público eran diversas. Aunque agotados de tanto canto y baile, los asistentes reservaron toda la energía para la tripleta de canciones que pusieron a El Plaza “De la cabeza”: Yo tomo, Se viene y La bolsa.
Después de la locura que demandó aquella parte final del repertorio, hubiera sido posible irse del lugar satisfecho, sin nada más que pedirle al grupo. Sin embargo, pese a que se despidieron del público y las luces se encendieron, todos en ese sitio, fuera y dentro del escenario, sabían que faltaban algunos de los clásicos más emotivos y que su omisión era impensable.
Así la banda regresó muy pronto a tocar Me voy. Por supuesto, el público la recibió muy agradecido. La temperatura era suficiente entonces para recibir los primeros acordes de esa clásica guitarra acústica que dan forma a la canción que Dani Suárez sabía muy bien que faltaba: “No nos podíamos ir sin antes hacer ‘Un pacto’ con ustedes.”, dijo con un juego de palabras que reveló el tema.

Después de eso, nada faltaba aparentemente. La Bersuit se retiró, pero el público no. Los gritos persistían con clásicas consignas reverenciando a los músicos y, sobre todo, pidiendo una última canción firmemente con un grito: “¡caramelo, caramelo!”. Increíblemente y totalmente fuera de los planes del show, la agrupación salió a tocar la tan esperada Mi caramelito.
Bersuit fue a ese escenario a darnos una prueba de que aunque hayan pasado 30 años, siguen teniendo los elementos suficientes para seguir, y hacerlo bien. El público quedó más que satisfecho por haber sido parte, desde alguno de esos años, de todo el proyecto Bersuit Vergarabat.
La calma y euforia ahondaron hasta el final, incluso cuando ya no había nada en el escenario. Las personas seguían coreando sus canciones. Y es que esas combinaciones de opuestos son lo que caracterizan a Bersuit, quien nos dejó con una combinación contradictoria más para esperarlos hasta que decidan volver al país: la nostalgia y la fiesta.

Ph Alonso Nájera





