El cierre de Coachella 2026 no fue un día de descanso; fue un maratón de contrastes. El sol de Indio no tuvo piedad, pero la música fue el oasis perfecto. Aquí te contamos cómo vivimos este viaje de mil géneros en un solo día.
La mañana arrancó fuerte en el escenario Sahara, que es una locura visual absoluta. El DJ Bunt. puso a vibrar el lugar y, de pronto, el desierto se llenó de camisetas alemanas. Fue la dosis de beats necesaria para despertar el cuerpo.
Pero Coachella también tiene esos rincones mágicos: descubrimos el Miniverse. Imaginen un lugar donde todo es miniatura, desde vinilos hasta réplicas del póster del festival. Un respiro creativo y detallista que nos recordó que en este festival, el arte está en los detalles.
Échale Ojo
Si alguien cree que Coachella es solo para DJs, Less Than Jake llegó a la Heineken House para callar bocas. El Ska-Punk se apoderó del lugar y se armó un mosh pit de antología. Fue una fiesta cruda y necesaria; porque sí, ¡aquí también se viene a saltar y no solo a ver el celular!
Esa energía se transformó cuando Major Lazer tomó el escenario principal. Mientras el sol empezaba a caer, los beats alemanes del inicio mutaron en una ola de ritmos latinos. La fiesta empezaba a hablar español y el desierto lo sabía.
Échale Ojo
La decepción (y a la vez el orgullo) del día fue Reyna Tropical (Roz). El escenario Sonora llegó a su tope máximo y ya no dejaron entrar a nadie más. Este dúo mexicano la está rompiendo tanto que el escenario les quedó chico. ¡Orgullo total!
Para pasar el trago amargo, corrimos a ver a Foster The People. Cantar «Pumped Up Kicks» a todo pulmón en medio del desierto es una experiencia religiosa. Aunque en México estamos acostumbrados al mariachi, acá sonó mucho más eléctrico, perfectamente curado para la vibra de Indio.
Y hablando de leyendas, Iggy Pop demostró por qué es el rey del Punk Rock. Aunque su escenario no estaba lleno, verlo ahí arriba, con esa energía inagotable, fue un privilegio histórico que pocos valoraron pero que nosotros atesoramos.
Échale Ojo
Uno de los momentos más indescriptibles fue Tomora. La fusión de Tom Rowlands (Chemical Brothers) y Aurora es algo que está haciendo nacer un nuevo concepto musical. Ahí entendimos por fin esa «pausa» de la que Aurora nos hablaba en el Corona Capital; es una catarsis sonora.
Por otro lado, Laufey trajo la clase que le faltaba al festival. Su Jazz y su voz inigualable fueron un bálsamo para los oídos cansados. Y qué decir de FKA Twigs: un show brutal. Si tienen oportunidad de verla en CDMX, no lo duden; es arte puro en movimiento.
Échale Ojo
Cuando el calor estaba en su punto más alto, el refugio fue de nuevo el Sonora con French Police. Ver a una banda de post-punk dándolo todo mientras te refrescas es de los mejores planes del festival.
Para cerrar la noche, la dualidad fue total:
Coachella 2026 terminó, pero la mezcla de sonidos en nuestra cabeza se queda para siempre. ¡Nos vemos en el 2027, Indio!
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