Uno puede recordar un Corona Capital por la banda que llevaba años esperando, por una canción o por la persona con la que terminó compartiendo el concierto. Pero escuchar a quienes trabajan detrás del festival permite descubrir otras historias: las de quienes lo levantan y las de quienes han convertido la Curva 4 en un lugar al que también llevan sus afectos.

Una Reunión De Recuerdos
En una charla con representantes de OCESA, Grupo Modelo y el desarrollo económico de la Ciudad de México, la conversación pasó de la organización y la derrama económica a esos recuerdos que difícilmente caben en un reporte de resultados. Ahí estuvieron voces como Armando Calvillo y Fernanda Martínez, de OCESA, junto con Yune Aranguren y Alex Gershberg, de Grupo Modelo, para hablar de lo que ocurre alrededor de los escenarios.
Porque el movimiento que genera el Corona Capital comienza antes de que alguien toque la primera nota. Durante el encuentro se habló de su impacto en la economía de la ciudad y del trabajo de muchas personas que hacen posible cada edición.
Desde el público vemos el escenario terminado, las pantallas encendidas y los accesos funcionando; detrás hubo una preparación que rara vez conocemos con el mismo detalle que el cartel.
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Novedades
Vale la pena detenerse ahí. Cuando hablamos de festivales solemos concentrarnos en los nombres grandes, en las ausencias y en lo que cuesta asistir. Esa conversación también importa, pero escuchar sobre la operación permite reconocer a quienes trabajan para que miles de personas puedan encontrarse en un mismo lugar.
Armando Calvillo recordó, además, cómo el Corona Capital abrió la posibilidad de ver en la Ciudad de México a artistas que todavía no habían tocado aquí. Mencionó a Pixies como uno de esos encuentros que ayudaron a construir la historia del festival. Para el público, una contratación puede significar algo muy concreto: escuchar por primera vez, frente a un escenario, la música que llevaba años acompañándolo.
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Historias Qué Contar
De esas primeras veces también se alimenta la relación con el lugar. Hay quienes pueden ubicar una etapa de su vida a partir de una edición: con quién fueron, a quién conocieron o qué estaba pasando cuando escucharon determinada canción. El festival termina formando parte de una memoria personal.
Durante la charla se compartieron historias de parejas que se han casado y una anécdota especialmente fuerte: la de una persona que llevó a la Curva 4 las cenizas de su padre, aficionado a Paul McCartney y al Corona Capital, para despedirlo ahí.
Conclusiones
Me quedé pensando en lo que significa elegir ese espacio. Para alguien que mira el Autódromo desde afuera puede ser solamente el terreno donde se instala un festival. Para esa familia era un lugar ligado al recuerdo de su papá. La música había hecho que una parte de la ciudad adquiriera otro valor.
También se habló del reconocimiento internacional del Corona Capital, nominado en distintas ocasiones por Pollstar como Mejor Festival Internacional de Música. Es una medida de su presencia dentro de la industria, aunque las historias de sus asistentes ofrecen otra forma de entender lo que ha construido.
Salí de la charla pensando en esas dos dimensiones: el trabajo que sostiene una producción enorme y la manera en que cada persona termina apropiándose de ella. Uno compra un boleto para ver artistas; lo que se lleva puede acabar siendo mucho más personal. A veces, incluso, una razón para volver al mismo punto de la Curva 4.
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