Dr. Shenka lleva el jersey de Palestina frente a las cámaras de NPR. Para mí, esa imagen dice tanto sobre este Tiny Desk como las canciones elegidas. Panteón Rococó llegó a uno de los escritorios más conocidos de la música con las causas que lo han acompañado durante años. En una sesión grabada en Estados Unidos, sostener ese gesto tiene un peso que vale la pena mirar.

Las Consignas
Monelo lleva una playera con el mensaje ‘Ningún Ser Humano Es Ilegal’ y Missael también viste una en apoyo a Palestina. Junto al jersey de Shenka, hacen visible una postura compartida.
En una sesión grabada en Estados Unidos, la frase de Monelo cobra especial fuerza: Panteón aprovecha el espacio para recordar de qué lado está. Hablar de Panteón siempre abre una discusión. Está la banda que se hizo espacio dentro de una escena de ska a la que le costó encontrar dónde tocar, y está el fenómeno capaz de llenar grandes recintos.
Entre ambos momentos hay años de trabajo, pero también seguidores que sienten que el crecimiento convirtió al grupo en una propuesta demasiado comercial. Entiendo el reclamo. Yo mismo he tenido momentos en los que siento que perdieron algo de brillo. Este Tiny Desk, publicado el 1 de octubre, me hace volver a pensar qué permanece detrás de esa maquinaria.
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El jersey de Palestina y la bandera del St. Pauli permiten leer parte de esa continuidad. El club alemán tiene una identidad ligada al antifascismo, la diversidad y la oposición al racismo; la relación de Panteón con esos símbolos habla de una mirada que se ha alimentado también fuera de México. Desde mi lectura, llevarlos a esta sesión es una manera de mantener visible su postura en un espacio de alcance internacional.
Musicalmente, el recorrido comienza con “Arréglame el alma” y pasa por “1993…”, “Cha-Cha Love”, “La dosis perfecta” y “La carencia”. Cinco canciones alcanzan para poner sobre la mesa el afecto, la ausencia y el malestar social que atraviesan su repertorio. La selección tiene sentido porque deja convivir esos registros sin convertir la presentación en una sucesión de consignas.
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‘1993…’ concentra uno de los momentos más dolorosos. Una canción que puede escucharse desde la pérdida amorosa adquiere otra dimensión cuando se vincula con las personas desaparecidas en México. NPR también señala esa lectura en la presentación de la sesión. Para quienes vivimos aquí, la ausencia tiene rostros, fichas de búsqueda y familias que siguen esperando una respuesta.
La coincidencia con lo que ocurre fuera del escritorio es difícil de ignorar. El 30 de septiembre, personas expertas de la ONU advirtieron sobre la violencia que enfrentan las mujeres buscadoras y recordaron que buscar e investigar corresponde primordialmente al Estado: esa responsabilidad no puede seguir recayendo sobre las familias. Escuchar ‘1993…’ en ese contexto vuelve más incómoda, y más necesaria, su presencia en el repertorio.
Esa preocupación tiene antecedentes. Panteón participó en conciertos de solidaridad con el zapatismo, dentro de un circuito donde la cooperación y los alimentos reunidos se destinaban a apoyar a las comunidades. En el festival Vibra Votán de 2001, por ejemplo, la entrada incluía un kilo de granos y el cartel reunía a buena parte de aquella escena. Recordarlo ayuda a entender por qué estas banderas siguen teniendo un lugar en su historia.

‘Cha-Cha Love’ abre después un espacio para el amor. Me parece una buena elección: permite acercarse a una etapa más reciente del grupo y cambia el ánimo antes de los dos clásicos del cierre. También recuerda que Panteón ha construido su relación con el público desde canciones para enamorarse, equivocarse y extrañar. Esa parte de su música pertenece a la misma gente que luego encuentra en ‘La Carencia’ una forma de expresar su hartazgo.
‘La Dosis Perfecta’ carga con años de significado para quienes crecieron alrededor del ska mexicano. Hay canciones que terminan ligadas a una persona, a un concierto o a una época entera. Esta es una de ellas. Su lugar en la sesión reconoce a ese público y a una escena que sigue buscando espacios para tocar, aunque algunas de sus bandas hayan alcanzado dimensiones enormes.
El cierre con ‘La Carencia’ deja la contradicción más fuerte. Seguimos bailando una canción cuyo retrato del país quisiéramos dejar atrás. Recuerdo haber escuchado a Shenka decir en un concierto que ojalá algún día solo formara parte de la historia. Ese deseo sigue pendiente. La canción conserva su fuerza, pero también resulta triste que todavía encuentre tantas razones para sonar vigente.
Panteón Rococó se convirtió en un monstruo de taquilla. Eso permite discutir sus decisiones, sus cambios y los momentos en que la costumbre parece ganarle a la sorpresa. Aun con esas reservas, este Tiny Desk me recuerda por qué sigo encontrando algo valioso en la banda: sus causas todavía ocupan un lugar visible.
La pausa de los escenarios ya figura en el anuncio de su cierre de gira del 26 de diciembre. Si llega ese descanso, voy a extrañar al Panteón. También a ese momento de sus conciertos en el que, entre el baile y una canción que sabemos de memoria, vuelve a aparecer algo del país que seguimos sin resolver.
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