
Para los amantes de Bjork este es un objeto que se vuelve de “deseo”, además de la nostalgia y la calidad con la que se grababa en cinta esta sería de cassettes, cosa que le va muy bien al estilo de esta particular “artista”, entrecomillo ya que en este país estamos acostumbrados a que las actores de televisión y alguno que otro loco por ahí se auto denominen “artistas”.
Para los que no estén tan familiarizados con Bjork como su servidor ella es una de las pocas personas en el mundo de la música que experimenta, que estudia demás materias de la física para combinarla con las vibraciones de cada nota que expulsan sus canciones como «Debut Post Homogenic», «Vespertine Medulla», «Volta», «Biophilia», «Wulnicura» o «Utopía».
La colección completa la puedes pre ordenar por 79 euros, algo así como $1500 pesos mexicanos para el tipo de cambio de hoy.

Noroeste de la ciudad de México, 2001. -“Ósea, sí me gusta pero no le entiendo”- se escuchaba como parte de la platica entre dos amigas que regresaban de comprar un par de discos. La nostalgia.
Según teorías cognitivas yo estaría comenzando a comprender conceptos abstractos y simbólicos, intentaría establecer mi propia identidad y así con una serie de sucesos de los que no tengo claridad ni recuerdo conciso, lo que sí puedo afirmar con un algo de claridad es el recuerdo de una adolescente frente al televisor sumergida en un sin número de emociones, observando en la pantalla la historia de una mujer en un mundo de fantasía donde todo parecía no tener sentido y al mismo tiempo ser posible: ¡Dios! qué revelación saber que las cosas extrañas pueden ser hermosas.
Unos meses después ya sabía más sobre esa mujer, decían que era islandesa; Islandia siempre me ha parecido el tercer lugar más extraterrestre de este mundo y Bjork era algo así como su princesa, una princesa extraterrestre en la tierra.
Si vivías en la periferia norte del D.F. podías comprar música en el mercado (el señor de los cd’s al que le entregabas una lista de posibles entregas para la próxima semana) o en Tower Records mundo E, según recuerdo. En ese año decidí tomar el dinero de los ahorros y comprar dos discos: Amnesiac de Radiohead y Vespertine de Bjork.
Puedo sentir la emoción del momento por llegar a casa, quitar el celofán que envolvía los discos, abrirlos despacio y con atención para hojear el booklet mientras escuchaba el disco y tener la experiencia completa, como una especie de vínculo cercano entre el músico y yo.
Con la colaboración de Mariana de González





