
El Auditorio Nacional fue el lugar elegido para atestiguar una de las noches más mágicas en los últimos años, este espectacular recinto en la Ciudad de México recibiría a la Orquesta Internacional de las Artes quienes musicalizarían en vivo la cuarta entrega de la saga más popular en cuanto a brujos y hechizos se refiere: “Harry Potter y El Cáliz de Fuego”.
La tarde comenzaba a caer en las inmediaciones del «Coloso de Reforma», el sol ya estaba por ocultarse e incluso unas tímidas gotas de lluvia aparecían en el sitio. La gente que comenzó a darse cita desde horas antes de la función tenía la firme convicción de pasar una velada espectacular, por lo tanto ni el clima tan peculiar de la ciudad pudo borrar las sonrisas de ilusión y felicidad de sus rostros.

Algo que no es un secreto para nadie es que los fanáticos del mundo mágico creado por J.K. Rowling son uno de los públicos más entregados del mundo y los magos residentes en México lo demostraron esa tarde. Desfilando con los uniformes de las cuatro casas, con las varitas mágicas en todo su esplendor, algunos caracterizados de su personaje favorito, marcas en la frente como el protagonista, sombreros seleccionadores, lechuzas, lentes redondos y más elementos que hacían alusión a la obra adornaron toda el área.
Minutos antes de las 7pm todos los asientos ya lucían ocupados puesto que la tercera llamada había hecho acto de presencia anunciando que el show estaba a punto de comenzar. La orquesta completa ocupaba sus lugares, al descenso de la luz significaba algo, el tren a Hogwarts estaba a punto de partir. La entrada al escenario de Jeffrey Schindler, la presentación a la banda y el oportuno aviso sobre como lo que estábamos a punto de presenciar no sería un concierto común sino una de las noches más especiales que hayamos presenciado, definitivamente no se equivocaba.

Minutos después de la hora anunciada y tras encender ánimos en el público al grito de “¡Slytherin! ¡Hufflepuff! ¡Gryffindor! And ¡Ravenclaw!” el filme daba inicio. Desde los créditos de la Warner la orquesta daba inicio, la primera nota que salía de los instrumentos de cuerdas, metales y percusiones estremeció a cada uno de los miles de asistentes en el lugar, se podía sentir como si la gente estuviera viendo la película por vez primera, aplaudiendo, gritando o aclamando cuando cada personaje hacía su debut en la pantalla, sumando a esto algunas ovaciones cuando la orquesta daba muestra de su talento interpretando complicadas piezas dentro de la obra.
Así transcurrió más de la mitad de la cinta, entre aplausos y gritos que fueron disminuyendo conforme se avanzaba y la gente se envolvía más y más en todo lo que ocurría a su alrededor.
Escenas magnificas en conjunto a los músicos de primera calidad hacían que la piel del público se erizara, incluso me atrevería a decir que seguramente alguna lágrima corrió despavorida: El torneo de quidditch, el arribo de las escuelas extranjeras a Hogwarts, al anuncio del torneo de los tres magos, los estadios y su energía durante cada prueba, la música que acompañaba los traslados y los momentos de más tensión fueron musicalizados de una manera tan perfecta que por lapsos se te olvidaba que la orquesta estaba tocando en vivo y debías regresar a ver lo que pasaba sobre la tarima para no perder detalle alguno.

De esta manera pasaron casi tres horas de función, el fin del torneo, la resurrección del señor oscuro, la muerte de Cedric Diggory y la inminente crisis en el mundo mágico anunciaban el final de la cinta. Un año más había terminado en la escuela de magia y con ello el espectáculo de esta noche, la gente comenzaba a ovacionar sin pensar que todos los créditos finales también serían musicalizados llenando de más magia a todo el lugar. El reconocimiento a los integrantes de la orquesta y la entrega total al director de ésta tomaron un par de minutos de los más sinceros aplausos que el público tenía preparados para esa noche.
Eran casi las 22 horas y el lugar comenzó a vaciarse, entre sonrisas y satisfacción los asistentes desalojaron el inmueble dejando notar que las barreras de generaciones quedaron olvidadas hoy, padres jóvenes quienes crecieron junto con las películas y los libros llevando de la mano a los más pequeños, adolescentes acompañados por amigos, adultos mayores disfrutando por gusto propio, todas las personas demostrando que no importa la edad porque la magia habita dentro de uno mismo. Hasta pronto Hogwarts.





