
Bajo los arcos funcionalistas del antiguo Cine Las Américas, la banda angelina Saint Motel, transformó el indie pop en una experiencia de tecnicolor y sinfonía orgánica en el Auditorio BB.

Un Díalogo Con La Historia
Hay algo inherentemente cinematográfico en la geografía de la Ciudad de México, especialmente cuando la música decide dialogar con la historia de sus recintos.
El pasado viernes, Saint Motel no solo ocupó el escenario del Auditorio BB; reclamó el fantasma del antiguo Cine Las Américas para su ‘The Symphony In The Sky Tour’. Lo que comenzó como una fecha postergada por la fragilidad física —la lesión del baterista Greg Erwin— terminó convirtiéndose en una lección de resiliencia estética y diseño sonoro.
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Una Verdadera Apuesta Musical
La propuesta de A.J. Jackson y compañía con su reciente álbum, Saint Motel & ‘The Symphony In The Sky’, es una apuesta por el maximalismo visual envuelto en una sonoridad que ellos mismos denominan ‘suave’. Si bien el espectador casual podría etiquetarlo bajo la ligereza del lo-fi contemporáneo, la ejecución en vivo revela una estructura mucho más compleja.
Aquí, las guitarras no buscan el protagonismo del riff estridente, sino que sirven como cimiento para que los teclados y las percusiones sostengan una arquitectura donde el saxofón y la trompeta actúan como los verdaderos puntos de fuga.
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Un Triunfo Del Funcionalismo
El diseño de producción fue un triunfo del funcionalismo. Aprovechando la concha acústica y las líneas orgánicas de la arquitectura de los años 30 del recinto, la banda montó una puesta en escena que evocaba la época dorada de las grandes orquestas.
Tracks como ‘Puzzle Pieces’ y la reinterpretación de ‘A 5th Of Beethoven‘ no se sintieron como simples ejecuciones, sino como piezas de un rompecabezas curatorial que unía el pasado clásico con el presente indie.
A medida que el setlist avanzaba hacia cortes como ‘Cold Cold Man’ e ‘It’s All Happening’, la conexión con el público capitalino alcanzó una frecuencia inusual. La teatralidad de Saint Motel suele ser una barrera para los cínicos, pero el viernes esa barrera se desplomó.
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Había algo genuino en el discurso interno de la banda, una honestidad que se filtraba a través de la precisión de Aaron Sharp y Dak Lerdamornpong.
El cierre con ‘My Type’ y ‘Van Horn’ fue el clímax esperado, pero el verdadero valor de la noche residió en los matices: en esa sonrisa colectiva al ver un engranaje técnico funcionar a la perfección. Saint Motel nos recordó que el pop, cuando se trata con la reverencia de un director de cine, puede ser el antídoto perfecto contra la apatía moderna.
No fue solo un concierto; fue un recordatorio de que admirar a alguien haciendo lo que ama es, en esencia, la forma más pura de espectáculo





