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La música como tratamiento sexo-terapéutico

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A lo largo del tiempo, la música fue atribuida a poseer cualidades curativas, teniendo influencia a nivel fisiológico y psicológico, compartiendo lazos con la propia medicina, esto no es meramente actual pues los sacerdotes, magos o antiguos médicos calibraban una serie de sonidos a los que llamaban “encantamientos” siendo usados como tratamientos músico-terapéuticos para curar malestares, englobando música y medicina en un solo concepto.

La psicóloga Ethel Ruíz acentuaba que la participación musical dentro de la civilización china adaptando recursos sonoros en una combinación “humano-instrumental-musical” para lograr el propio bienestar corporal, puesto que su filosofía sugería la óptima armonía estelar y terrenal consiguiéndose por medio de la música.

O bien, Boecio consideraba que la enfermedad era un desarreglo armónico del organismo, el cual debía ser arreglado con la misma armonía.

La música y la medicina

La pragmaticidad a nivel colectivo es de igual importancia. Jeremy Montagu, músico y catedrático de la Universidad de Oxford, la ha etiquetado como “el instrumento de cohesión social más antiguo que pudo tener el homínido”, posiblemente, más añejo que el habla y el primer medio de comunicación, el cual permitió el desarrollo evolutivo.

Mientras que en cuestiones fisiológicas, el especialista Daniel Levitin en su libro “Tu Cerebro y la Música” explica que al escuchar armonías, éstas estimulan el lóbulo frontal, ocasionando la misma sensación que produce una droga, la comida o el sexo, ya que libera cargas de dopamina produciendo la sensación de placer. 

Este neurotransmisor es clave para el buen funcionamiento del cuerpo humano, pues de acuerdo con la revista Nature Neuroscience, es el encargado de regular los niveles de peso corporal,  mejorar la creatividad y hasta obtener una memoria infalible.

Con esto se quiere llegar a la idea de que la música, más allá de ser un medio de entretenimiento o distracción, puede servir como tratamiento para curar ciertas enfermedades, ya sea físicas o psicológicas. Es así que la música se ha aclimatado a otros campos de la medicina, en este caso, la terapia sexológica.

La sexoterapia

Para entender la inclusión musical dentro del campo psicológico-sexológico se debe conocer cómo funciona la terapia sexual:

La psicóloga de la UNAM con maestría en Sexología por el IMESEX, Verónica Fuentes explica que la sexoterapia no se debe limitar a un ámbito plenamente coital, sino que se comprenden temas como infidelidad, estados intersexuales, transexualidad, celos, sexualidad en la vejez, abuso sexual, sexualidad durante la infancia, expresiones comportamentales de la sexualidad, poliamor, entre otros.

Dependiendo del problema es cómo se evaluará y posteriormente, se tratará al paciente. Los sexoterapéutas emplean herramientas sonoras a manera de recursos sensibilizadores.

La ‘sensibilización’ es comúnmente utilizada para dar inicio a un proceso de ‘cambio interior’ que mejore la salud en todos sus aspectos, apelando a diversos estímulos por medio de la música,  describiéndolo como ‘visibilizar lo invisible’ y que el paciente ‘se dé cuenta de su estado’. – Verónica Fuentes

Los psicoterapéutas declaran que la discriminación musical debe ser  seleccionada con importante cuidado, eligiendo de preferencia melodías puramente instrumentales, es decir, sin lírica, puesto que alguna frase o palabra sea asociada con algún pensamiento o anécdota turbulenta, interfiriendo el proceso de relajación o sensibilización al cual se quiere llegar.    

La musica como tratamiento sexo-terapéutico

En un caso hipotético de una mujer de preferencia homosexual, la terapeuta Verónica Fuentes, prevé emociones de rechazo e incomprensión, siendo necesario potenciar el empoderamiento y resignificar su preferencia sexual genérica, así pues, para lograr la autoafirmación y auto reconocimiento es indispensable implementar música denominada “de poder” tales como Franz Schubert con Mass No. 6 in E Flat Major o Mussorgsky con The Great Gate de Kiev.

Primeramente, Schubert busca aflorar los sentimientos buscando el “empoderamiento” por medio de los conjuntos corales. Edgard Willems considera que las melodías de canto intensas intervienen en la sensibilidad mental, pero se tiene que apoyar de los cordófonos para una eficacia deseable, ya que generan suavidad y calma añadiendo una armonía profunda para la reflexión personal.

Mientras que Mussorgsky se adapta como fortalecedor al incluir aerófonos y percusiones. Las flautas afinadas en Sol y Do menor generan resonancias cálidas para ser rematadas con trompetas, las cuales, progresivamente,  se elevan de intensidad generando un tiempo vigoroso que estimula seguridad y aceptación.

Igualmente, los membranófonos y platillos ya sea por su golpeteo heroico destensan los pensamientos nebulosos e imprime una energía sólida.  

Examinando un asunto de sexualidad en la vejez, la terapeuta Graciela Guzmán declara que, estereotípicamente, se piensa a las relaciones coitales como exclusivas de los jóvenes y conforme se avanza la edad se discrimina la continuidad del placer erótico.

Esto lleva a las personas de años avanzados a truncar su sexualidad llevándolos a terapia para reencontrarse  en el plano sexo-afectivo.

Para realizar ejercicios de autoexploración corporal y reconocer nuevamente su sexualidad, la terapeuta recomienda la llamada “música erótica” caracterizada por contener pulsos lentos y continuos.

Dentro del repertorio musical podemos aludir a  Maurice Ravel o Karl Goldmark ya que establecen un clima íntimo incitando al apetito sexual, provocado por el sonido de piano. Se debe evitar cacofonías pues entorpecería la exploración.

 La conjugación de los dos conceptos culmina en la opinión de Benenzon al mencionar que “el cuerpo es un instrumento musical” y como todo aparato sonoro tiene sus propias disonancias, halladas en prejuicios o desinformación, por éste hecho, es deber del artista interpretarlo a la mejor calidad, explorar creativamente cada ritmo, melodía y armonía, desplegar todas sus funcionalidades con el objetivo de crear un magnus opus como símbolo de la llama sexual y musical.   

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Eduardo Vazquez Fuentes
Periodista Musical Fotógrafo Cineasta Historiador Amateur Instagram: el_maaan