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Si no puedo bailar no quiero estar en tu revolución

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¿Qué tal, amig@? Me da gusto verte de nuevo. Creo que si estás aquí es porque te gusta la música rebelde, la música que representa a grupos oprimidos, música para gente revoltosa dispuesta a defenderse. Por eso vamos a hablar de música disco. Una vez más siento tu mirada escéptica, pero de nuevo te prometo que esto tiene sentido.

Aunque parezca broma, ese género de canciones de compás 4/4 con cuerdas en lugar de trompetas, letras medio insulsas tienen más en común con el metal y rock que tanto disfrutas de lo que te gustaría reconocer. Hoy en día, visto en retrospectiva, podemos identificar que el disco fue en realidad un vehículo de liberación, una herramienta revolucionaria utilizada para poner fin a la opresión de las mujeres y las personas negras y homosexuales en la década de 1970 en Estados Unidos.

Es muy curioso porque en la mayoría de los movimientos sociales donde hay música emblema de por medio, los grupos y artistas de tal género suelen asumirse más méritos de los que merecen. Regularmente buscan colgarse de los logros de las protestas para así darle validez a su música, pero en el disco encontramos lo contrario. La mayoría de los artistas disco niegan la subversión política de la música, mientras que hay académicos que son ferozmente inflexibles sobre el subtexto revolucionario de canciones como «I Will Survive» y «YMCA».

Por ejemplo, hablando de YMCA, los miembros de Village People son modestos o ignorantes, algunos de ellos se niegan a reconocer que su música fue concebida para facilitar la aceptación de los gays e incluso afirman: “Somos solo una banda de fiesta. No estamos aquí para salvar árboles o el planeta. Queremos ir de fiesta «. Es cierto que los Village People eran una caricatura y mostraban una visión afectada de la cultura gay pero creo que aún así ayudaron a abrir brecha a un grupo social que no dejaba de ser estigmatizado y criticado.

Tenemos está visión de que la música protesta o revolucionaria debe ser combativa, crítica, punzante, e incluso violenta. Irónicamente el disco es todo lo contrario, es alegre, sencilla y bailable. Dorian Lynskey lo describe tan bonito en su libro “33 Revoluciones por minuto”:

Aunque la música disco en general no pretendía ajustar cuentas con nada, siendo como era más evasiva que combativa, al menos de entrada resultaba política por su mera existencia: como respuesta exuberante a los tiempos difíciles por arte de grupos culturales marginados. Para los primeros seguidores delinco, la protesta era la fiesta: tanto un mensaje de resistencia como una visión de una sociedad mejor en a que la raza y la sexualidad dejaban de ser barreras para convertirse en motivos de celebración. (…) Los homosexuales eran perseguidos y discriminados sobre la base de sus deseos, así que celebrar el amor, el deseo y el compañerismo era la forma de disensión más pura.

Al encontrar su hogar en clubes nocturnos oscuros donde la clase, el género, la raza y los límites sexuales desaparecieron por completo, el disco comenzó como una música que unió a las personas. No se tú, pero para mi esa es una excelente forma de generar un cambio, con unión y no con fragmentación.

Aun así, la gente se rehúsa al cambio y los primeros en ponerse pendejos con esta nueva liberación fueron los grupos religiosos – ¿Ves? Te dije que había cosas en común entre el metal y el disco – Para que los roqueros y metaleros no se sientan tan acá con la forma en que los han censurado, en 1979 el estadio Comiskey Park, con capacidad para 52 mil personas, estaba a atascado con 90 mil personas que no estaban interesadas en el juego de esa noche sino en el evento después del partido. Al concluir el encuentro se llevó acabo un Disco Demolition Derby donde se detonó una caja de LP’s mientras gritaban «¡Disco da Asco!».

Evidentemente no puedes esperar mucho de gente tan intolerante, esto dio paso a que la turba enfurecida invadiera la cancha prendiendo fuego a montones de álbumes y al mismo campo de juego. A diferencia del metal donde se rechazaba la música por la estética y los “mensajes que transmitía” claramente muchas personas detestaban la música disco por ser negra y gay.

Otro punto en común que se puede encontrar entre el rock y el disco es la intersección de intereses en los artistas del género, por ejemplo, el guitarrista Nile Rodgers quien se inició en el mundo del disco con una perspectiva única. En su adolescencia había consumido ácido, algo que lo había llevado hacia el rock psicodélico y luego hacia la política radical. Había sufrido los gases lacrimógenos de la policía en protestas de guerra, se había unido a los panteras negras cuando estaba aún en el instituto y había buscado la vida cantando canciones protesta en Central Park. Este loco hippie negro forjó una férrea amistad con Bernard Edwards, un bajista prodigioso que tocaba también en el circuito neoyorquino.

En 1977, inspirados por el aparatoso glamour de Roxy Music, formaron Chic. Chic fue una bandota que buscó fusionar la base bailable con mensajes con significado oculto. ¿Un ejemplo? El primer sencillo de Chic “Dance, Dance Dance” usaba la palabra Yowsah sacada de la película They shoot horses, don’t they? Donde la película retrata los maratones de baile que se celebraban durante la Gran Depresión, en las que las parejas bailaban hasta desplomarse con tal de ganarse el dinero del premio. Bajo esa perspectiva, la motivación para seguir bailando parece llena de desespero.

Así que aunque para febrero de 1979, la música disco era un industria de 4,000 millones de dólares, una facturación superior a la de Hollywood, donde era sumamente sencillo encontrar canciones mediocres hechas para subirse al tren y generar dinero (sí, te estoy viendo a ti “I was made for loving you”) es posible y fácil encontrar joyas del género que dieron voz, espacio y mensaje a una comunidad desesperada por expresarse y mostrarse como lo que son: personas joviales que quieren divertirse.

Así que amigo, si hay alguna oportunidad de luchar bailando debemos aprovecharla. Hay música que resulta atacada para después ser cooptada por el mainstream, pero el tiempo ayuda a hacer justicia y saca a relucir la utilidad de esa melodía. Que ridículos nos parecen ahora esos gringos quemando álbumes sólo por no sentirse identificados con esa música. Pues así de pendejo te ves tu criticando el reggaetón ¿Qué? Nos vemos en el Moshpit.

Shout Outs!!


Antros como La Purísima, Marrakesh, Baby, Rico o Soberbia son excelentes opciones para pasar una noche chingona en la CDMX.

Aunque es cierto que estos lugares originalmente hechos por la comunidad LGBT para la comunidad LGBT han sido invadidos por heterosexuales y que eso no está chido, creo que han sido un medio para expandir la cultura y espacios destinados a esta comunidad. Así que si decides ir a pasarla bien a estos lugares respeta y sobre todo baila hasta que te corran 😊

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