
Dan las 21 horas en Alemania, el barrio de St. Pauli está de fiesta porque su equipo de fútbol acaba de obtener la victoria contra Arminia en el estadio local, con el marcador 3 a 1. Las luces brillantes adornan el barrio rojo, famoso por sus prostíbulos, sex shops y bares que anuncian espectáculos las 24 horas. Unas calles más lejos Die Fabrik abre sus puertas a los alemanes y latinos que desde unas horas antes comenzarían el pre-copeo a las afueras.
Ya dentro del recinto se nota la afluencia de los güeros, mayor a la piel morena que caracteriza a los latinos. Con puntualidad alemana, a las 21:15 se proyecta la próxima estación: Panteón Rococó.

Missael, Paco Barajas y Efraín suben al escenario, seguidos por los demás miembros. Reality Shock dio el toque de inicio para la experiencia que sólo Panteón puede ofrecer. La cerveza dejó de correr un momento, pero sólo un momento, para que los portadores pudieran brincar y gritar al tiempo que Dr. Shenka saluda a la audiencia.
Arréglame el Alma suena después, lo que entonces da paso al ya tradicional slam, o moshpit – nombre que le dan los europeos al baile lleno de empujones y codazos- que siempre amistoso une a los asistentes de los toquines.
Al frente, uno que otro emocionado busca el encuadre perfecto para llevarse un recuerdo impreso en su celular. El escenario de Die Fabrik está suficientemente cerca del público para hacer eso posible. La noche se antoja especial, pues a pesar de que la banda mexicana goza de una cantidad basta de fanáticos en el continente europeo, St. Pauli fue su primera casa fuera de México hace ya varios años.
Es por eso que cada que Panteón se para por estos lares son más que bien recibidos, y el público de St. Pauli se les entrega por completo. El cariño mutuo se adivina con la bandera que la banda carga siempre con ellos, y en cambio Hamburgo les grita con amor.

Los éxitos siguen corriendo para prender el ánimo, Cúrame, La Rubia y el Demonio, Viernes de Webeo, Pequeño Tratado de un Adiós entre otras.
A mi lado, una chilanga baila con desenfreno junto a su novio alemán que le saca casi dos cabezas de estatura, en cambio él observa emocionado y se limita a aplaudir a petición del Dr. Shenka, quien habla lo mismo en español que en inglés y en alemán buscando interactuar con la mayor cantidad de presentes. La parte reggae de la noche estuvo aderezada con un mix que nos remontó a los inicios de la banda con Buscándote.
Drunk Steady Beer también cambia el ritmo de la noche, a mi lado mi acompañante alemán me recuerda a la primera vez que vi a esta bandota, hace casi diez años. Sus ojos se abren cada vez más y no puede hacer otra cosa más que sonreír y bailar al ritmo del ska, rock y lo que sea que estos mexicanos tocan, es el efecto panteón.
Tienen que pasar casi 70 minutos de show para que en el escenario sean invitados a volar cuantos fans lo deseen. Así hombres, mujeres y niños gustosos suben al escenario; para brincar hacia el público que los atrapa para hacerlos flotar por unos segundos.

Con el clásico»encore», vuelven al escenario después de despedirse pues los asistentes se niegan a dejarlos ir. Aquí, tocan como es la costumbre (aquí y sólo aquí) Das Herz von St. Pauli covereada en agradecimiento a este lugar y a su gente. La Dosis Perfecta y La Carencia cierran el éxtasis de más de 90 minutos que se vivió en el país de la cerveza.
Panteón Rococó deja muy en claro por qué son tan queridos en tierras europeas, en St. Pauli y en México. Su calidad, energía y calidez hacen de cada presentación algo único; y para los que vivimos lejos de México, nos acerca más al tráfico, ruido y fascinación que la CDMX nos brinda en sus calles, y sus historias contadas de manera única por los panteones.

















Corresponsal en Hamburgo, Alemania





