
A lo largo de decenas de años, México ha sido espectador y escenario de diversos movimientos musicales que, con fuerza, han edificado una imagen de este país en donde la música corre y se extiende; se consume, se reproduce y, como en los últimos años, resurge.
Sin duda alguna, una de las escenas más singulares fue la del ska en la década de los 90 y alrededores, en donde no sólo este peculiar estilo, original de la isla de Jamaica, llegó a oídos de los mexicanos, sino que se convirtió en impulso para que personas, principalmente jóvenes, tomaran sus instrumentos y comenzaran a hacer su propio sonido desprendido de la tradición jamaiquina y sus derivados.
Como toda escena, la proliferación de estas acciones no sólo quedó en el ámbito de la producción musical, sino que extendió sus ingenuos -e ingeniosos- pasos a miles de espectadores que siguieron este camino trazado por la música, llenando así foros independientes para escuchar y bailar al peculiar ritmo del ska, el que tenía ahora un toque especial de aquellas bandas mexicanas. Se generaron pautas, estigmas, hábitos; formas de vestir, escuchar, bailar y convivir; las cuales, si bien no permanecieron predominantemente por mucho tiempo, marcaron para futuras generaciones la imagen del ruido que les incumbió entonces.
Esa imagen parecía desvanecida -al menos durante la última década- ante los cambios del tiempo, las nuevas generaciones, las formas de escuchar o concebir música, y por supuesto, nuevos sonidos. Pero, ¿Realmente se apagó la llama del ska en México?
Desde una perspectiva menos devastadora, esos años de supuesto desvanecimiento de la escena también permitieron que el ska nos demostrara que sus capacidades sonoras iban más allá de lo que se tuvo la oportunidad de vivir en esa oleada mexicana de los 90. Se fueron abrazando en el país nuevas formas del ska que, a lo largo de su historia, han construido andares mucho más profundos de los que se podrían delimitar con el fantasma de lo que quedó de aquél movimiento.
Así, los últimos años hemos podido apreciar que el ska sigue vigente en este país y que también ha abierto las puertas a una escena mucho más rica en ritmos, variaciones y nacionalidades. Sin duda, estos acontecimientos han sido apoyados por un conjunto enorme de personas que van desde amantes del ska hasta productoras.

Es por este apoyo generado hacia el despertar de la escena del ska en México que Out Of Control Records representa un importante pilar. La productora independiente se ha dedicado desde hace 5 años a compartir talento nacional e internacional a los amantes del ska en México, así como a otros lugares del mundo. Y para celebrarlo, nada mejor que un evento lleno de ska de diversos estilos, para todas las edades, con presencia internacional y nacional.
De esta manera, se generó lo que pudimos apreciar el sábado pasado: un festival de calidad y bastante prometedor, con un cartel en el que se leían The Busters (Alemania), Banda Bassotti (Italia), Out Of Control Army, Sekta Core, Skapital Sound y mucho talento más.
Sorprendentemente, el aforo fue amplio desde el inicio; decenas de personas llegaban a la Carpa Astros para escuchar a las tradicionales bandas mexicanas o bien, a conocer a otras. Para las 6:00 p.m. el público era suficiente para cantar canciones emblemáticas de lo que fue La Matatena, ahora Royal Club. Sonaron temas de toda la trayectoria de la banda, como Su Majestad, Cenizas en el mar, Una más de violencia y Suda mi cuerpo.
Poco más tarde salió Out Of Control Army al escenario para reafirmar la frescura de la que goza el sonido del ska más joven. El cover de The Skatalites, Skalloween, Dancing, We do the ska y Mi corazón encantado fueron de los temas que más disfrutó la gente. Esta última pieza es reconocida por contar con la colaboración de Jorge Salcedo de Sekta Core, quienes salieron enseguida a tocar temas infaltables en sus shows como Delfino, Menos yo, Cool Cats, y otros no tan esperados como La Moda.
Gracias a las presentaciones anteriores, el público adquirió un excelente ánimo para recibir a uno de los grupos más esperadas y la razón de la visita de muchos: Banda Bassotti. Los italianos llegaron con una particular energía desde el primer momento, mostrando al público consignas políticas que les caracterizan y su primera canción: É solo un sogno. Tanto los espectadores como los músicos en el escenario no sólo conservaron la euforia hasta el final, sino que ésta fue en ascenso.

La fusión ska-punk de Bassotti resaltó la fuerza y coraje que tienen sus canciones, por lo que los temas que durante tanto tiempo esperaron los fans de la banda se hicieron presentes: Luna Rossa, Stalingrado, El Pueblo Unido, Figli Della Stessa Rabbia y más, hicieron que los gritos fueran ensordecedores.
Tras varios clásicos, la agrupación mostró el gran vínculo que tienen con la música de habla hispana, al interpretar el clásico Revolution Rock, original de The Clash, pero que Bassotti interpretó con fragmentos en español, tal y como lo hicieron Los Fabulosos Cadillacs en 1988. De estos argentinos, Banda Bassotti tocó Manuel Santillán, El León, haciendo unísono el cantar de los presentes, al igual que en el combo que encendió hasta al máximo despistado: Ellos dicen mierda, original de los españoles La Polla Records y Bella Ciao de los italianos, con la que terminó su participación. Sin embargo, de fondo comenzó a sonar Mala Vida de Los Calzones Rotos de Argentina, por lo que la banda se quedó a bailar y cantar con el público.
“Figli della stessa rabbia: ¡No Pasarán!”, decía la pancarta alusiva a, al igual que sus canciones, grandes momentos históricos y políticos; y la cual mostraron al inicio y final del show, inmortalizando este festejo. Momento justo para recibir a Dinamo, quienes desde España trajeron un momento bastante ameno al festival.
Dinamo se mostró muy agradecido ante la respuesta del público, quien no paró de corear y bailar canciones como El asesino del tiempo, Todo no se puede, El equilibrista y Hoy. La calidez de la Carpa Astros era suficiente para dejar a los fans satisfechos y a Dinamo con un buen sabor de boca sobre su presentación, para así recibir a la leyenda que tantos esperaban.

Debido a un ligero retraso con los horarios, muchos tuvieron que abandonar el recinto mucho antes de que la banda estelar se presentara, siendo así un aforo relativamente pequeño quien recibió a The Busters. Pero todo valió la pena.
The Busters mostró alegría, poder y una gran coordinación entre la numerosa banda. Los músicos fueron excelentes instrumentistas y los frontmen supieron mantener a los espectadores sonriendo. Aunque con énfasis en su nuevo disco, se interpretaron grandes canciones de toda la larga trayectoria de los alemanes. Sonaron desde Rude Girl y Ruder Than Rude, del primer álbum que lleva el nombre de ésta última; pasando por temas medianamente jóvenes como Skank Down; hasta Ska Is…, The Best Of Times y Chase Them de su última producción, Straight Ahead.
Los alemanes expresaron su especial agradecimiento al estar por primera vez en México, mencionando el afecto que tienen a la interculturalidad que genera el ska; también rechazaron el racismo y fascismo que cualquier país puede albergar. Por supuesto, el concierto finalizó con el bandoneón que suena durante el gran clásico Mickey Mouse In Moscow.

El festejo terminó alrededor de la 1:00 a.m. con todos los presentes satisfechos. Lo vivido en el aniversario de Out Of Control Records no sólo fue una gran experiencia musical, sino que deja mucho que pensar acerca de la posición actual del ska, tanto en México como en el mundo; las deficiencias y logros de la escena en cada espacio; así como el porvenir. Sea positiva o negativa la reacción o perspectiva que se tenga de dichas cuestiones, algo sí es innegable al término de eventos como éste en el que confluyen amantes, conocedores, aficionados, curiosos, bailarines, músicos y símbolos de la escena: la productora tiene razón; “el ska no está en extinción”.
Fotografía: Anne Huitrón





