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Catarsis: Ni perdón ni olvido, a 50 años de la tragedia

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No quiero formar parte de la estadística de personas muertas o desaparecidas que tiene en su haber el estado mexicano, no quiero enterarme que alguien cercano a mí no podrá contar su propia historia, no quiero vivir con miedo pero tampoco quiero vivir oprimido y en las sombras pero mucho menos quiero dejar de vivir.

Quiero que todas las personas regresen a casa y puedan saludar de nuevo a su familia, quiero poder sentirme seguro en cualquier sitio en el que me encuentre, quiero respuestas no absurdas, quiero un país, un estado, un aula y una sociedad sin violencia de cualquier tipo, quiero respirar aire fresco y no olor a metralla o a gas, simplemente quiero vivir.

Hoy se conmemoran 50 años desde aquel trágico 2 de Octubre de 1968, en verdad dudo mucho que algún integrante de la sociedad mexicana desconozca este suceso, salvo los miembros más jóvenes que no poseen interés alguno sobre el tema (al menos por el momento), sería muy aburrido venir a expresarme a este espacio y soltar párrafos sobre una historia que está al alcance de la mano en tan solo un clic o en tantos libros y publicaciones que se han hacho en estos largos años.

Lo que menos pretendo es saturar el internet con un resumen mal hecho o incompleto en el que ofrezca mi interpretación de los hechos, porque vaya que hoy habrá cientos de esos por ahí, solo busco dar una nota para reflexionar y un texto que no echen en saco roto como muchas otras cosas que leemos día con día. Así que comencemos.

Imagina que eres algún estudiante de cualquier universidad pública del país, tal vez curses tu primer año o quizá estás apunto de titularte, la historia de vida la eliges tú. Tras meses de involucrarte en un movimiento social al que simpatizas y conocer tantas personas en el camino que comparten tus mismas convicciones o que tan solo son solidarias con la comunidad, se llegaría el día del sonado mitin convocado en la Plaza de las Tres Culturas, Tlatelolco.

¿Cómo se habrá vivido el día de los asistentes? ¿Sentirías miedo al salir de tu casa, te despediste sabiendo que tal vez no regresarías, saldrías dispuesto a que sucediera lo peor o ibas tan positivo con una bandera de ideales más grande que todos los peligros a los que te estabas exponiendo?  Al menos 250 personas no nos podrán contar eso.

Entre gritos, consignas, pláticas y ocasionales risas entre amigos, la tarde comenzaba a caer, parecía que todo iba a transcurrir con normalidad  y podrías regresar a tu trinchera en santa paz. Llegó la noche, apenas resplandecía la luminaria pública y los focos de los departamentos aledaños, toda la tranquilidad se ve interrumpida en un instante por un par de bengalas, el motor de los helicópteros sonar, botas militares raspando el suelo mientras marchaban e inmediatamente el inconfundible sonido de disparos desde los techos  de los condominios en contra de la multitud.

Por un instante quedas en shock, solo puedes ver a todos corriendo en cualquier dirección posible buscando un sitio para refugiarse, la atmósfera comienza a rodearse de tensión y desesperación con sabor a pólvora y sangre ¿Dónde están tus amigos? Solo te distrajiste un momento y los has perdido de vista, nadie sabe que está ocurriendo pero desean que acabe lo más pronto posible.

No es recomendable quedarse expuesto, los botes de basura, los árboles, los mismos departamentos son refugios perfectos que posteriormente serían perpetrados, claro está. Cuando logras recuperar el control de tu cuerpo es muy tarde, la sangre ha manchado todo a tu alrededor, compañeros de lucha tirados a mitad de la plaza, algunos con más suerte solo detenidos o golpeados, en cambio una bala perdida ha impactado contra tu cuerpo dejándote a merced de todo el cuerpo militar de la honorable nación mexicana. El resto solo es historia.

Muchos creen que este fue un capítulo con solo estudiantes y militares como actores, no es así, es una historia con muchos rostros que a veces suelen estar relegados a segundo plano pero por un momento pensemos en ellos:

¿Imagina la reacción de tu familia y la de tus compañeros cuando desde la sus casas encendieron la televisión e inmediatamente se enteraron de lo que había ocurrido? Cada quien conoce a su familia, seguramente sabrán cómo actuarían, algunos seguramente salieron corriendo hasta el lugar de los hechos, otros rompieron en llanto imaginando lo peor pero qué habrán sentido en esos momentos ¿miedo, tristeza, enojo, impotencia, remordimiento, cólera o resignación?

¿Qué habrá sentido el profesor de la materia que más amabas y con el que te llevabas tan bien cuando al reanudarse las clases tu pupitre habitual se encontraba vacío? Seguro él les expresó sus mejores deseos y les dijo que tuvieran cuidado en todo momento, él no podría asistir a la reunión convocada por motivos personales sin embargo en el fondo quería volver a ver a sus todos alumnos en las aulas lo más pronto posible, pero desafortunadamente, las palabras no te protegen de las balas.

¿El cuerpo policiaco y militar podrá dormir después de lo que hicieron? Ellos no actúan por propia voluntad después de todo solo siguen ordenes de arriba, a final de cuentas también comparten responsabilidad pero no podemos criminalizarlos en su totalidad.

Pero claro, ni que decir de las figuras políticas involucradas, tan solo basta leer sus declaraciones para saber que públicamente se mantuvieron estoicos pero en el fondo de su persona ¿Hubo culpa? ¿Qué hubieras hecho tú en su lugar? No sé, estoy casi seguro que hubieran buscado otra alternativa en lugar de salir por el camino más fácil y manchar el suelo mexica con sangre inocente.

En esta hipotética situación que me he encargado de construir todo parece sencillo, ya no tuviste que presenciar la conmoción nacional la siguiente mañana, no viste el dolor que emanaba de cada miembro de tu familia, tus compañeros de clase o trabajo preguntando el por qué no habías asistido esa mañana a tus actividades. Esas y mil interrogantes más que te ahorraste sin saber que era peor martirio estar vivo con una enorme sensación de vacío porque haces falta aquí.

Regresemos a la realidad, disculpen la crudeza pero a veces es necesario un balde de agua fría para hacer pensar más allá a las personas.

Siempre he sido de la idea que alguien o algo muere cuando dejamos de pensar en él, así que hoy a 50 años de uno de los crímenes de estado más grandes perpetrados en la historia del país, los invito a tomarse un momento de su preciado día, recordar a todas la víctimas, pensar en cómo ocurrió, por qué sucedió, qué lo causó y reflexionar sobre todo lo que ha pasado en México y qué otros casos corren el peligro de repetir el mismo patrón de hace medio siglo.

Como miembro de un mismo espacio con un pasado común todo lo anterior lo escribo con el profundo respeto debido pero lo expreso así con el objetivo de impactar en todos aquellos que se tomaron la molestia de llegar hasta este punto de mi escrito. La apatía y el olvido son los peores enemigos para la organización de una sociedad por eso buscaba despertar una pequeña semilla consciente que sé que todos tenemos en nuestro sistema.

Recuerden que no solo fue el 2 de Octubre en Tlatelolco, es Ayotzinapa, “El Halconazo”, Acteal, Tlataya, miles de desaparecidos, inocentes muertos en una inútil guerra contra el narcotráfico, más de 5 feminicidios diarios, el futuro de muchas generaciones comprometido,  violencia, represión, censura, abuso, acoso, intimidación, inseguridad y una enorme tela de tristeza dejada a cada paso. Aun así, desafortunadamente vivimos en un país donde los días son soleados y aparentemente nada paso.

Ya lo dicen los sabios “Recordar es volver a vivir” pero de todo corazón, como estudiante, como futuro científico social, como escritor de este medio digital, como joven, como hijo y hermano pero sobre todo como mexicano deseo un futuro en el que podamos andar por la vida sin sentir miedo a algo, sin que se repita el pasado, ya sé, suena como un proyecto muy utópico pero detengámonos a pensar en nuestra realidad un poco, vamos eso no cuesta nada, cuestionemos todo pero sobre todo seamos solidarios, empáticos y conscientes.

Somos parte de la generación que quiere todo inmediatamente y sin mayor esfuerzo, pero algo que puedo asegurar es que el cambio de todo el sistema estructural no vendrá mágicamente. Persistir, exigir y combatir pero todo esto no funcionará si el cambio no inicia por uno mismo, exigirle al estado como si él fuera a solucionar todo, esa no es la respuesta a todos nuestros problemas.

Antes de volver esta nota un sermón social prefiero darla por terminada, no sin antes volver a exhortarlos a la memoria, muchos de los que me leerán ni siquiera habrán nacido para esa trágica fecha y es ahí donde tomamos importancia, las voces que callaron ese día desearían que sus exigencias prevalecieran aún después de morir.

Si eres de aquellos que solo se dedican a criticar los movimientos sociales y tachar a los participantes de mediocres, poco conscientes y revoltosos, no soy nadie para criticarlos puesto que estoy seguro que tendrán sus razones para pensar eso, de cualquier manera los invito a involucrarse lo más que puedan, no pido que marchen codo a codo con lo que desdeñan pero al menos hagan el esfuerzo de informarse y pensar en que el presente donde están parados se construyó gracias al esfuerzo de lo algún movimiento ideológico, político o social.

Gracias por haber salido a expresarse ese día, gracias por darnos una muestra de valentía, gracias por haber marcado el rumbo de las causas sociales. Finalmente gracias a ti por haber tomado algunos minutos de tu vida para leer el escrito de este humilde servidor espero y moviera algo en ustedes.

Ni perdón ni olvido, 2 de Octubre de 1968 no se olvida.   

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Luiska Romero
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