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«Cuando al Hip Hop le apuntaron con una pistola de agua»

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“Tus hijos no van a clase porque escuchan rap. No hay porque preocuparse, tus hijos escuchan rap porque tienen clase.”: Nach

¿Cómo castigar algo que desde su surgimiento merece ser eliminado? Y no como un Ser supremo sentado a la derecha del padre o un régimen populista que elija por nosotros. Es más, ni “castigador” podría llamar al autor del siguiente texto, pues qué fundamentos puede tener… ni hablar rápido sabe. Y aún con eso, ¡con todo eso! es meritorio escupir un texto contradictorio que retenga la esencia del rap y su poderío.

Bendita Old School

Pasando con un flashback los años setenta y todo lo sufrido y ocurrido allí, me detengo en esas escenas de miseria y violencia que resaltan un pasaje histórico, mismas que representan a la adolescencia que está en descontento con las desigualdades, tales como el clasismo, el elitismo y principalmente el racismo. Sí: el Hip Hop. Aquellos años de gloria donde un beat y un scratch permitían liberar el repudio y frustración que la situación ocasionaba; el desafío ante el Estado, el gobierno y la época.

Una reverenda battle.

Y es así como se fortalece la new (ahora old) school –como documentalista de NATGEO–, con sus moldes rítmicos, ese tópico agresivo y contestatario: rudos, inquebrantables, callejeros y maleantes. Si no me crees, “Fuck tha pólice” me respalda. Ya para los años dos miles, en el nuevo milenio donde según la tierra caería, pues lo único que cayó fue la influencia del hip hop en las nuevas generaciones gracias a la absorción de la moda pop. Tanto así que Time afirmaba que la música de negros ya no engañaba a los chicos blancos (…). Hasta Elizabeth Blair (Reportera de NPR News) afirmaba que “la gente estaba harta de música violenta” y posiblemente por ello las ventas del género cayeron hasta un 40%.

Sea lo que sea, hay afectaciones en el medio del rap: el consumo, la tecnología, la diversidad, la política internacional, los nuevos gobiernos, la [falsa] libertad de expresión, la prostitución artística, las sustancias adictivas, el narcotráfico, el dinero… dinero, dinero, aprende algo, dinero.

Sin embargo, y considerando lo sustancial de decirlo, la ausencia de material lírico en los nuevos exponentes del hip hop va acompañada de mezclas con sonidos desechables y evidentemente de mala calidad. La dinámica de acompañar nuevas rimas con temas pasados desaprueba lo que se tenga que decir. Como lo respalda el documental de Byron Hurt, “Hip Hop: Beyond Beats and Rhymes”: “el hip hop ha cambiado de rimas inteligentes y ritmos bailables”.

Y sin duda sí existe ésta, tan solo es cuestión de voltear al pasado- presente y descubrir los tracks vigentes de Drake, Wiz Khalifa, Kendrick Lamar o hasta Rihanna –sin meterme en lo más mínimo con la música urbana; ese es polvo de otro mechudo–, mientras que raperos de la Old School tratan de revivir esa llama de la pasión de contracorriente como Eminem, Dr. Dre, Snoop Dogg, 50 Cent, The Game, Ice Cube o Jay-Z. ¡Ánimo canijos!

De repente y sin agua va, llegan seudo raperos and MC que portan en alto el título del hip hop en sus composiciones modernas. “Queremos hacer otro tipo de rap; nada violento, nada pretencioso, más bien lo que ocurre en nuestro alrededor”. Y es así como comienza esta abrazadora nueva ola de rap millennial.

Sabino

“Cuando sientas que te falle, y que no tenga detalles, mándame pa’ la calle”. “Pura borrachera. Pura, pura borrachera. Pura, pura borrachera”. “Me atrajo escribir líneas que impactan, tú no das la talla (…) “subieron la foto de Olallo Rubio en un evento y pusieron ‘que traigan al Sabino pa´l concierto’”. “Se me antoja una tostada de ceviche, nada más por el berrinche, no importa que me hinche, total, la alergia siempre pasa rápido, se me quita lo pálido tomando mucho líquido”. “Más, más, más, más, más, más”.

Les presento el hip hop actual: ¡Aplausos! Aunque prefiero nombrarlo “Hip-LOL”. Esto es Sabino. Y a todo esto, ¿qué es Sabino? ¿Sabino? ¡Sí! Sa-bi-no. ¿Sabino? Ah.

 

Pablo Castañeda Amutio, mejor conocido como Sabino, es un tapatío amante de la música desde chiquillo. Ha sido pieza de aportación en algunos proyectos musicales sin que lo saciaran tanto. Al final, se identificó con el hip hop. Las plataformas en la web fueron su trampolín –y único medio– con miles de vistas en YouTube. Y sí, este personaje es el creador de los fragmentos antes citados: “Conmigo siempre”; “Me puse pedo”, “Los raros de la calle” y “Playa”.

No es lo único, hay harta letra hueca para aventar para arriba; como si él escupiera hacia el cielo pero nos salpicara a todos… o al menos a los millones de jóvenes o chavos rucos que lo siguen. En un contexto básico, no existe mezcla y rima alguna dentro de esta mini rama del género; el underground, la sub cultura, el style y los factores representativos quedan de fuera. De hecho es todo lo contrario. Intentando ser la contra corriente del estilo rapero, Sabino llega con cabellera larga como friki metalero, unos anteojos de perfil hipster, un outfit ajustado y calzado de tipo skate; básicamente un maniquí de marcas juveniles.

Música despreocupada, alivianada, “pa’ echar desmadre” diría un colega. Temas de anécdotas comunes, que “a todos se nos acomodan”. Letras [uber] básicas, simples y sin rima… si localizan alguna, dudo que se haya percatado. ¿Lo dudas?

He aquí la prueba: “Ese puchero quere beso, kentekere”. Es el mismo sujeto que clasifica sus éxitos parte del “Sab- Hop” (aunque los medios digitales chayoteros sigan titulándolo “rapero”). Con 85k seguidores en Facebook, 20k en Twitter, 104k en Instagram y 210k suscriptores en YouTube, Sabino se reconoce como un representante de eso llamado “rap”, que no es hop, ni rock, ni rap ni tampoco trap. No es nada, literal (y él lo reconoce). También es un influencer y promotor de sellos como Vans y claro, colega íntimo de Gastón, alías LngSHT; ¿El público? Es exactamente igual: jovencitos que descargan La insoportable levedad del Ser en Spotify mientras que Kundera se retuerce anhelando le paguen regalías.

— ¿Y por qué es relavante, Zur?

El derecho es todo suyo. Dicen que la libertad de uno termina donde comienza la del otro y efectivamente no molesta a nadie… más que a mí.

El alcance que Sabino ha obtenido es, en gran parte, por la sincronía empática que ha obtenido con las nuevas generaciones, sean millennials, centennials o como deseen nombrarlos; jóvenes sin autonomías ni futuros patrimoniales, de aberración a la falta de internet y sin prejuicios por temas políticos; algo así como “La Rosa de Guadalupe” con flow.

Las generaciones avanzan y debemos avanzar con ellas; podríamos renovar las cosas, revolucionar… más no afectar al historial. Sabino, en conjunto con diversos personajes de este gremio, permite entregar canciones (sí, así hay que llamarles) con temas acorde de los escuchas y está bien… siempre y cuando cambiemos el canal. ¿Qué tal un pop eléctrico? también es simple y básico, ¿un rock pop? con letras típicas y sin tanto pensarle o ¿un reggaetón? ha tenido buena aceptación. Es decir, un género musical que les permita transmitir sus mensajes y recomendación de, por ejemplo, como sobreponerse a la angustia de que a tu chica no le llegue su periodo menstrual, o algún bailecito ridículo como “Yingol bels”, ¿sabes? No estaría mal y así no orinan el freestyle.

Pero sino, entonces comenzar una nueva ola de hip hop en donde más allá de fondo musical, las letras tenga un contexto más reflexivo y/o significativo, B-Boys que lleguen a esos temas tan relevantes y cotidianos también. ¿Cuáles? ¡Infinidad! la misoginia – ¿verdad, Babo?-, el bullying colegial, las desapariciones forzadas, la crítica virtual sin sustento, la complejidad para los nuevos profesionistas, la confianza de cumplir sus sueños, el beneficio de la duda, la carencia salarial, el valor positivo/negativo de las economías personales, la enriquecedora cultura (pero que les expliquen de qué va, LngSHT ahí va, más o menos), etcétera. Algo como el Sesame Street del rap. Si los
Heavysaurios inspiran a los infantes a pedir leche, Sabino puede incitar a protestar por los
derechos juveniles.

“Existen raperos que hacen esto, pero yo no puedo rapear con la mentalidad de alguien de 18 años cuando yo tengo 30 castigaba Ice-T. Alguien pásele el dato. Más allá del rap, la música debe colarse entre las personas, hacerlos vibrar y llevarlos lejos. Si hacemos música con ganas de firmar, de sould out, millones de followers y estampados mercantiles… entonces se está deshaciendo a la música. Y si no te late mi remate, total, ponte pedo».

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