Después de llevar su propuesta por escenarios de Europa, Estados Unidos e incluso India, Los Rolling Ruanas aterrizaron por primera vez en México con una misión que los ha acompañado desde que comenzaron a cruzar las fronteras de Colombia: demostrar que la música de su país va mucho más allá de los sonidos que tradicionalmente han alcanzado al público internacional.
Originarios de Bogotá, el grupo ha construido durante más de una década una propuesta alrededor de la carranga, género campesino de la región andina colombiana, llevándola hacia territorios inesperados a través del rock. Guitarra, tiple, requinto y guacharaca bastan para generar una potencia que, aseguran, puede dialogar de frente con una banda eléctrica.
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En conversación con LaCarteleraMX, Los Rolling Ruanas hablan de su llegada a México, la importancia de sus versiones de clásicos del rock, la evolución hacia un repertorio propio y el sueño de llevar algún día su música a algunos de los escenarios más importantes del mundo.
Después de llevar su música por Europa, Estados Unidos e India, finalmente llegan por primera vez a México. ¿Qué expectativas tienen de encontrarse con un público que quizá conoce muy bien el rock, pero no necesariamente tiene tan presente la carranga colombiana?
Precisamente, sembrar. Cuando la gente escucha música colombiana en muchas partes del mundo todavía no la asocia con la carranga. La relaciona con la cumbia, con las músicas de las costas o, dentro del mainstream, con el reguetón, Shakira y las grandes figuras del pop, pero no necesariamente con la carranga.
Esa es una tarea que nos hemos puesto desde que comenzamos a salir del país. Si bien nuestra carranga no es completamente pura o raizal, sí conserva muchos elementos reales y tradicionales de este género folclórico. Nuestra intención ha sido llevarla a otros países y mostrar que también existe esta vertiente de la música colombiana, aunque nosotros la hagamos a nuestra manera, mucho más rockera.
En Ciudad de México nos ha sorprendido muchísimo el nivel de la cultura del rock. Nos encanta ver desde gente muy joven hasta personas de la tercera edad cantando canciones de rock. Cuando tocamos nuestras versiones, la gente se emociona y las disfruta muchísimo.
Además, sentimos que existe una cercanía entre nuestra música folclórica y muchos géneros tradicionales mexicanos. Cuando eso se mezcla con el rock, que aquí tiene una cultura muy fuerte, ocurre algo muy interesante. Queremos que México conozca este ritmo folclórico y andino colombiano y descubra que también puede convivir perfectamente con el rock.
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Su propuesta nació de mezclar un género profundamente tradicional como la carranga con referentes del rock internacional. Después de más de una década, ¿Cómo evitan que esa fusión se convierta únicamente en una fórmula?
La clave está en que no nos hemos limitado a mezclar carranga y rock. Aunque nuestra gran excusa es la carranga, musicalmente siempre hemos tenido una visión muy abierta. Hemos hecho son sureño, rancheras, boleros, vallenatos y explorado diferentes géneros, siempre bajo esa base de la carranga y con una estética de rock and roll. Eso nos permite movernos por distintos universos musicales. Al principio también nos inspiró mucho Café Tacvba, porque encontramos algo muy de vecindad, muy de barrio.
Nosotros tenemos algo parecido, obviamente desde un contexto colombiano y desde la realidad de nuestros pueblos. Ahora que estamos en México también nos damos cuenta de que culturalmente tenemos muchas cosas en común.
Durante estos 12 años hemos transitado por muchísimos géneros, artistas, versiones, canciones propias y universos sonoros. Creo que justamente eso ha impedido que nuestra música se convierta en una fórmula.
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En sus primeros años llamaron mucho la atención reinterpretando canciones de bandas como The Beatles, Kiss o The Rolling Stones. ¿En qué momento sintieron que Los Rolling Ruanas necesitaban construir también un repertorio propio?
Las versiones también forman parte de nuestra identidad. La palabra cover normalmente está asociada con tocar una canción como la original, pero nosotros realmente hacemos versiones. Popularmente les decimos covers, pero lo que hacemos es tomar elementos del folclor carranguero y campesino y ponerlos en los zapatos del rock.
Eso también es parte de la identidad de Los Rolling Ruanas. No a todas las bandas les salen bien las versiones y creemos que uno de nuestros talentos ha sido transformar esas canciones respetando al compositor o a la banda original, pero llevándolas completamente hacia nuestra propuesta cultural y sonora.
Al principio tuvimos versiones que pegaron muy fuerte, como “I Was Made for Lovin’ You”, de Kiss, que incluso fue compartida en sus canales oficiales. También hicimos canciones de The Rolling Stones como “Paint It Black” y “(I Can’t Get No) Satisfaction”, que tuvieron muchísimo movimiento.
Después de eso tomamos la decisión de comenzar a hacer nuestra propia música porque queríamos construir una identidad que estuviera más allá de las versiones. Queríamos que la gente entendiera que nosotros también teníamos algo que decir y comunicar: una visión del mundo, de la tierra, del campo e incluso una visión política.
Nuestras canciones han ido hablando de distintos temas dependiendo del momento de nuestras vidas. Con los años encontramos un lenguaje propio que tiene muchísimo de carranga y muchísimo de rock, pero también una manera muy particular de narrar las historias.
No creo que algún día abandonemos las versiones porque son parte de nuestra identidad. Lo que queremos es que funcionen como una puerta para que después la gente descubra la música propia de Los Rolling Ruanas.
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Después de presentarse en lugares culturalmente tan distintos, ¿Qué han descubierto sobre la capacidad de la música tradicional colombiana para conectar con personas que desconocen por completo su contexto?
Tuvimos una experiencia muy bonita en Sevilla, España, durante el Monkey Week. Estábamos los cuatro en una plaza con estos instrumentos tradicionales de cuerda y madera, que visualmente no tienen nada que ver con lo que normalmente imaginas cuando piensas en una banda de rock con bajo, batería y guitarra eléctrica.
Comenzamos a tocar nuestras versiones y nuestra música propia. Al principio la gente nos miraba tratando de entender qué estaba sonando. Después de dos o tres canciones empezó a juntarse cada vez más gente y terminaron bailando como les nacía, incluso como si estuvieran escuchando música electrónica.
Ahí entiendes que la música, aunque alguien no tenga idea de dónde viene, puede convertirse en un lenguaje para comunicarnos.
También hemos descubierto la potencia que puede tener el formato tradicional carranguero: guitarra, tiple, requinto y guacharaca. Si lo comparas con una banda de rock, encontramos muchas similitudes. La guitarra puede cumplir una función cercana al bajo, el tiple funciona como acompañamiento o guitarra rítmica, el requinto puede asumir el papel de una guitarra líder y la guacharaca lleva la percusión mientras quien la toca también canta.
En cierto sentido somos una banda de rock, pero con instrumentos acústicos tradicionales. Y hemos descubierto que con esos cuatro instrumentos podemos hacer muchísimas cosas. En vivo la sonoridad llega a ser enorme y la gente se sorprende de escuchar esa contundencia producida de esa manera.
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Esta primera visita incluye conciertos en espacios muy diferentes y varias locaciones sorpresa. ¿Qué quieren descubrir de México y cuánto podría influir esta experiencia en la música que hagan después?
Demasiado. Somos personas a las que cada viaje les deja algo. Cada vez que tenemos una experiencia fuera de Colombia, e incluso viajando dentro del propio país, aparecen historias y eventualmente canciones.
Eso nos ha sucedido durante los 12 años que llevamos juntos. Hay canciones que nacieron después de determinados viajes y experiencias; incluso después de regresar de India surgieron cosas nuevas. No creo que México vaya a ser la excepción. Apenas llevamos una parte del viaje y ya acumulamos experiencias, risas, historias y muchas cosas que pueden inspirarnos.
Viajar es gasolina pura para la creación y para la música. También fortalece muchísimo los lazos de una banda. Seguramente todo lo que estamos viviendo aquí terminará apareciendo, de alguna manera, en lo que hagamos después.
Después de más de 300 conciertos, seis discos y giras internacionales, ¿Hacia dónde quieren llevar como Los Rolling Ruanas ahora esta mezcla de carranga y rock que comenzó en Bogotá?
Recuerdo que durante nuestro primer viaje a Estados Unidos estábamos caminando frente al Madison Square Garden y había un cartel gigante de Foo Fighters. En ese momento les dije a mis compañeros que uno de mis grandes sueños sería poder presentarnos algún día ahí.
Sentí algo parecido estando en Ciudad de México. Cuando conoces Bellas Artes o pasas junto al Auditorio Nacional entiendes que son lugares icónicos y piensas: sería espectacular algún día estar ahí. Y va a pasar. Se los anuncio.
Obviamente decir que queremos recorrer todo el mundo suena muy ambicioso, pero, sin querer queriendo, ya hemos llegado a lugares que hace años parecían muy lejanos. Hemos tocado en India y teníamos planes para Australia y Rusia antes de que la pandemia cambiara muchas cosas.
Tenemos plena certeza de que este formato, nuestra música y nuestra sonoridad pueden crecer muchísimo aquí. Ojalá podamos replicar en México parte del camino que hemos construido en Colombia y después continuar llevándolo a otros lugares del planeta. Lo interesante es que no estamos llegando como una banda que todavía está intentando descubrir qué quiere ser.
Llevamos 12 años tocando juntos, conocemos nuestro sonido, sabemos qué queremos presentar y tenemos una propuesta consolidada. Sabemos también que México es un mercado importantísimo para los artistas latinoamericanos y que su público puede consolidar una carrera. Por eso llegamos desde otro lugar: con madurez y con seguridad sobre lo que somos.
No venimos a preguntarnos si nuestra propuesta funciona. Venimos a decir: esto es Los Rolling Ruanas, esto es lo que hacemos y queremos compartirlo con México.
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