Sara Schell ha construido una carrera detrás de canciones interpretadas por algunas de las voces más importantes de la música actual. Kany García, Belinda, Natanael Cano, Becky G, J Balvin, Ivan Cornejo y KATSEYE forman parte de una trayectoria en la que la compositora ha demostrado su capacidad para entrar en universos musicales muy distintos sin perder su propia sensibilidad.
Ahora, el reconocimiento de la Academia Latina de la Grabación abre un nuevo capítulo en su carrera. Schell reflexiona sobre la composición, la intimidad detrás de una canción, el fenómeno de ‘300 Noches’, la importancia de conservar la honestidad emocional y el desafío de continuar creando después del éxito.
Estás nominada al Latin GRAMMY como Compositora del Año y también por “A La Niña Que Fui” de Kany García. ¿Qué cambia internamente cuando una canción que nació desde un proceso creativo termina siendo reconocida por la Academia? ¿La nominación valida algo para ti o prefieres que no interfiera con la manera en que juzgas tu propio trabajo?
Es muy especial recibir un reconocimiento así porque cuando estás creando no necesariamente estás pensando en lo que puede pasar después con una canción. Estás concentrada en lo que quieres decir, en encontrar la emoción y en hacer algo que realmente conecte.
Por supuesto que una nominación es una validación muy bonita del trabajo y de todas las horas que existen detrás, pero intento que eso no determine cómo veo lo que hago. Quiero seguir entrando a escribir con la misma libertad y sin pensar que ahora tengo que crear algo que esté a la altura de una nominación.
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‘A La Niña Que Fui’ toca una conversación muy íntima con la versión más joven de una misma. Cuando escribes para una artista como Kany García, que tiene una identidad autoral tan definida, ¿cómo logras aportar parte de tu propia sensibilidad sin escribir algo que deje de sentirse completamente suyo?
Creo que una parte fundamental de escribir con y para otros artistas es saber escuchar. Kany tiene una identidad increíblemente clara y eso también te permite entender hacia dónde puede ir una canción.
Yo puedo aportar mis experiencias, mi sensibilidad y mi manera de entender ciertas emociones, pero al final tiene que existir algo que ella pueda sentir como propio. En una canción como esta hay sentimientos muy universales. Todos podemos mirar hacia atrás y pensar en quiénes éramos, en lo que vivimos y en las cosas que nos hubiera gustado decirle a esa versión más joven de nosotros mismos.
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Participaste en ‘300 Noches’ de Belinda y Natanael Cano, una colaboración que une dos universos que en principio podrían parecer muy distintos. ¿Cuál fue la decisión de composición más importante para conseguir que ninguno de los dos pareciera un invitado dentro de la canción?
Creo que lo importante fue no intentar obligar a ninguno de los dos a entrar en el universo del otro. Belinda tiene una identidad muy reconocible y Nata también. La canción tenía que encontrar su propio espacio para que los dos pudieran existir dentro de ella.
Cuando una colaboración funciona, no quieres sentir que tienes una canción completamente hecha y después simplemente agregaste a otro artista. Tiene que existir desde su esencia un lugar para ambas voces.
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En ‘300 Noches’ hay algo interesante: detrás del impacto de juntar a Belinda y Natanael existe una canción que tenía que sobrevivir incluso sin el peso de sus nombres. Como compositora, ¿cómo distingues cuándo una colaboración tiene una canción realmente sólida y cuándo depende demasiado del impacto de quienes la interpretan?
Para mí, una buena canción debería poder defenderse incluso cuando le quitas muchas cosas. Puedes quitar la producción, puedes quitar todo lo que existe alrededor del lanzamiento e incluso olvidarte por un momento de quién va a interpretarla.
Si solamente con una guitarra, un piano o una melodía todavía consigue hacerte sentir algo, entonces tienes una base sólida. Evidentemente, los artistas aportan muchísimo y pueden transformar una canción, pero detrás tiene que existir una historia y una emoción capaces de sostenerla.
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Has escrito para Kany García, Belinda, Natanael Cano, Becky G, J Balvin, Ivan Cornejo y KATSEYE, artistas con lenguajes completamente diferentes. ¿Cuál es la parte de tu identidad como compositora que te niegas a sacrificar incluso cuando estás escribiendo para alguien cuyo universo musical está muy lejos del tuyo?
La honestidad emocional. Me encanta poder entrar en géneros diferentes porque cada artista te obliga a descubrir otras maneras de contar una historia. Cambia el lenguaje, cambia la producción y cambia muchísimo la forma en que construyes una canción, pero necesito encontrar algo verdadero dentro de lo que estoy escribiendo.
No quiero escribir solamente porque algo esté funcionando o porque pensemos que determinada frase puede convertirse en un éxito. Siempre intento encontrar esa emoción con la que tanto el artista como yo podamos conectar.
Después de una nominación al Latin GRAMMY y de tener canciones que llegan al número uno, existe el riesgo de empezar a escribir pensando en repetir aquello que funcionó. ¿Cómo evitas convertir tus propios éxitos en una fórmula y qué tendría que tener una canción futura para hacerte sentir que superaste creativamente esta etapa?
Creo que precisamente tienes que intentar no perseguir lo que ya hiciste. Cuando algo funciona es muy tentador pensar: ‘Hagámoslo Otra Vez’, pero también puede limitarte muchísimo. Parte de crecer como compositora es entrar a lugares donde todavía no sabes exactamente cuál será el resultado, trabajar con personas diferentes y permitirte equivocarte.
Para mí, superar creativamente esta etapa no necesariamente tendría que significar conseguir otro número uno o recibir otra nominación. Sería escribir una canción, escucharla terminada y sorprenderme a mí misma pensando: ‘Nunca había hecho algo así’.
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