
Podríamos decir que fueron muchos los años que tuvimos que esperar por esta noche, pero no fue así. Algunos ni siquiera comenzaron la espera al descartar absolutamente la pequeña posibilidad de que alguna vez México pudiera escuchar algún acorde salido de la emblemática armónica de Andrés Ciro Martínez, la leyenda.
Y en México, la connotación de leyenda es más que merecida, reafirmada en el conocimiento de algunos amantes del rock que, genuinamente, se imaginan aquella escena lejana al sur del continente. Seguramente, la primer banda que escucharon estos seguidores empedernidos fue Los Piojos, ese grupo independiente que relataba desde los 80 amores e historias del barrio a través de la peculiar voz de Ciro, predecesora de la banda que se presentó en nuestra ciudad el pasado jueves.

El sueño inesperado se cumplió para un grupo reducido de conocedores del rock argentino dicho jueves. Decenas de aficionados hicieron ver que pese a que en México este tipo de agrupaciones no son tan alabadas como otras de la misma nacionalidad, hay una comunidad entusiasta que siempre está ahí, para escuchar, gozar, apreciar y anhelar música argentina.
Así fue, cerca de las 9:30 horas se dio inicio a uno de los momentos que quedarán en la memoria de muchos amantes del rock, y con muchísima suerte, en remembranzas escritas sobre los primeros grandes shows de leyendas del rock argentino en México.
Andrés y compañía salieron con las expectativas dispersas, sin saber lo que podría encontrar en su primer concierto en la estimulante CDMX. Con una energía que se conservó hasta el último momento del recital, inicialmente sonaron temas de Ciro y Los Persas como Banda de Garage y Me gusta; y para sorpresa de muchos, muy pronto se escucharon canciones de Los Piojos como Taxi Boy y Canción de Cuna.

Fue un golpe tras otro de temas emblemáticos con los que Ciro ha construido su legado en ambas bandas. Y es que hubo golpes para todos los públicos: desde los nostálgicos que añoran los tiempos en los que los ritmos latinos se fusionaron con el rock, el tango y el blues para dar por resultado a Los Piojos, hasta los que valoran lúcidamente a Ciro y Los Persas como una verdadera joya, producto de la madurez musical de sus integrantes.
Así, para los primeros, sonó una armónica que se identificó al instante por una ejecución perfectamente impecable, misma que en general caracterizó a todos los integrantes y sus interpretaciones, de las cuales, por supuesto Ciro fue un ejemplo; seguida de un clásico “oh oh oh oh oh oh, oh oh oh oh oh oh…” que el público supo seguir preciso para cantar Tan solo. La cara de Andrés lo decía todo: un asombro y satisfacción importantes que permitieron que el músico dejara que las personas debajo del escenario cantaran la primera parte de la canción.
En ocasiones los músicos tuvieron que detener sus labores para permitir que se escucharan los gritos eufóricos del público y sus consignas; mientras que Ciro, dentro de sus múltiples acto performáticos, agradeció con sorpresa el recibimiento y la potencia de un aparentemente grupo pequeño de espectadores.

Así se interpretaron Mirenla, Verano del 92, seguidos de una dupla que identificó el clímax del, de por sí impetuoso, concierto: Antes y después y Como Alí. En estas dos piezas todos estaban ya en calidad de lunáticos, disfrutando de la música, el baile, los saltos, gritos y hasta empujones, que lejos de ser desagradables, crearon una atmósfera digna de un estadio, pero con la particularidad de ser menos de 300 personas. “Es una noche que no vamos a olvidar nunca, porque hoy, aquí somos como 50mil personas”, dijo Andrés Ciro Martinez agradecido.
El furor de la gente se apaciguó con la melancólica Dice, de su nueva producción; para después apreciar una sesión de virtuosismo por parte de cada uno de los integrantes de la banda, en la que mostraban su familiaridad con el funk, el rock and roll y el blues; una característica muy de Los Persas.
Se creyó que, como se sabe que es en la mayoría de sus shows, la noche había acabado cuando todo el mundo explotó al cantar y bailar El farolito, pero afortunadamente no fue así. La banda siguió con temas como Balneario, Muévelo y Astros.
Un recital de más de dos horas, bien merecidas para los infinitos pacientes que aguardaron por esa noche con entusiasmo, no fue suficiente para dejar en claro por qué Ciro es una leyenda y su banda es un pilar increíble en el rock actualmente. Sin embargo, sí funcionó para marcar puntualmente las posibilidades enormes que tiene esta agrupación en el país. Sin lugar a dudas, tener la presencia de un grupo de ese tamaño; en el que se fusionan talento, lírica y composición precisa, teatralidad, energía y simbolismo; en un escenario de la CDMX, fue un acontecimiento histórico y una verdadera cátedra de rock.





